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Parece un laboratorio químico, pero es una heladería.

18 jun 2017 / 00:01

    Son cuarenta y cinco los años transcurridos en la era petrolera ecuatoriana, y tenemos un horizonte de algo más de doce años de reservas probadas por delante. Cabe preguntar, ¿qué nos ha dado el petróleo?, ¿cómo se lo ha aprovechado?, y, como objeto de una posterior reflexión: ¿qué nos depara el futuro?

    Desde el primer barril exportado, hasta el cierre al 31 de diciembre de 2016, Ecuador percibió $162.305 millones por concepto de exportaciones de crudo y derivados. Si dividimos la historia en dos períodos, entre 1972 y 2006 los ingresos por estos rubros fueron de $59.410 millones (36 % del total). Fue el gobierno de la Revolución Ciudadana el que se sacó la lotería: $102.895 millones (64 %) en los diez años de su década.

    El aporte petrolero ha sido desaprovechado. En el período de 1972 a 2006, alrededor de $50.000 millones hubieron de ser destinados al servicio de la deuda “agresiva” contratada entre 1977 y 1980. En el período del superciclo, los ingresos, irrepetibles, repitiendo la historia, dieron paso a un gobierno quebrado, con un déficit fiscal inmanejable, gestor de un nuevo episodio de endeudamiento agresivo y oneroso, al cual ninguna abundancia le fue suficiente. Los ingresos del petróleo sirvieron para financiar la formación bruta de capital fijo, pero hay que preguntarse ¿cuán eficiente y sustentable fue esta? Aparte de las carreteras que hoy se hallan en estado de deterioro, quedan las evidencias de las refinerías no construidas o reparadas a costos hasta hoy no justificados, las bombas de gas de Monteverde a media llave, los groseros sobrecostos en los emprendimientos públicos, las hidroeléctricas que subsidian el consumo de los consumidores colombianos, y $60.000 millones de deuda y cuentas impagas. Nos compramos un Ferrari, ¡pero no tenemos para la gasolina!

    El mundo petrolero fue trastocado por los altos precios del petróleo; precios que impulsaron la búsqueda de eficiencia en los motores de combustión, permitieron el incremento de la oferta, y dieron paso a la búsqueda de fuentes alternativas y no-convencionales. La OPEP perdió el control del mercado y, en la transición hacia una economía no dependiente de los hidrocarburos, tan solo disturbios bélicos que enfrenten a productores en Medio Oriente pueden provocar alzas de precios que, por lo demás, serían temporales.

    El nuevo árbitro del mercado es Estados Unidos. Los árabes pensaron que matarían la competencia y procedieron a tumbar los precios. Por un momento lo lograron, la producción bajó en 12 % desde su punto de inflexión, pero los últimos nueve meses ha rebotado, llegando a 9,4 millones de barriles diarios. Es petróleo de calidad, producido hoy a costos competitivos con punto de equilibrio ubicado dentro de un rango de $25 y $40 por barril. Los americanos, que hace dos años exportaban apenas 50.000 barriles diarios, hoy han decuplicado su excedente exportable. Es una muestra cabal de la superioridad de la libre iniciativa que sabe jugar de acuerdo a las fuerzas del mercado.

    Y ¿qué hay del futuro? Este existe en las mentes visionarias. Esperemos que, para variar, esta vez sí exista sentido de urgencia, pues la era del petróleo marcha, inexorablemente, hacia su fin.

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