lunes, 20 noviembre 2017
00:01
h. Última Actualización

El asesinato de la honra

12 sep 2017 / 00:01

    Hace pocos días en una entrevista con un medio de comunicación, el vicepresidente de la República se quejaba amargamente de una actitud sistemática de destrucción de su imagen, al punto de sentirse dañado en su honra. La manifestación de su sentir me recuerda dos hechos: hace unos años, en una conversación que tuve con el legendario Huber Matos, me decía que cuando él declaró, primero de manera reservada en carta a Fidel Castro y luego de manera pública en un discurso en Camagüey, su desacuerdo sobre la ruta política que estaba llevando el régimen cubano, fue víctima de los peores actos de desprestigio, propaganda urdida para liquidar su imagen ante la opinión pública y desde luego justificar el paredón, que era la cómoda alternativa con la que se castigaba a la disidencia. Su prestigio bien ganado y la capacidad de trasmitir sus ideas frente al comité “popular” de juzgamiento lo libraron de ser fusilado, pero no evitaron los 20 años de prisión a los que fue sometido. El otro hecho, un poco más cercano a Ecuador, se produjo cuando la emisora de televisión Telesur -vinculada a regímenes socialistas en Latinoamérica- acusó a la señora Karen Hollihan de ser agente de la CIA y haber reclutado a un conjunto de ciudadanos para desestabilizar al gobierno de entonces. Hollihan estaba relacionada con el Instituto Interamericano para la Democracia, con sede en Miami, un foro de discusión con tendencia liberal sobre política y desarrollo, donde han presentado propuestas y denunciado abusos decenas de activistas políticos de diversos orígenes y matices ideológicos. Nunca se inició un acto legal contra la seguridad del Estado.

    El solo hecho de pensar diferente de Matos y Hollihan los colocó en la mira para aplacarlos; no sus ideas en un debate, sino a ellos como personas. Este es un concepto muy bien desarrollado por el régimen cubano y trasladado a sus satélites en Sudamérica, donde sus aprendices lo han aplicado científicamente a través de la prensa estatal, los medios digitales y los discursos de barricada. Qué sabor más amargo tiene que ser tragar de la propia medicina.

    TE RECOMENDAMOS
    A LA CARTA