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Ópera Salomé

31 ene 2018 / 00:01

    La ópera Salomé no tiene preludio y la acción se desarrolla en un acto dividido en 4 escenas. Abre con una figura ascendente del clarinete. En pocos compases, Strauss consigue ya introducirnos en el clima malsano que dominará toda la obra. Salomé tiene gran influencia wagneriana y está construida en ese estilo: “leitmotiv”, música continua, orquesta dominante, llena de polifonía.

    La historia tiene lugar en el 30-31 a. C., en una terraza próxima al salón de banquetes en el palacio de Herodes, tetrarca de Jerusalén, en donde se celebra una fiesta. Narraboth y dos soldados están montando guardia en la cisterna en donde se encuentra preso Jokanaán. Salomé, una bella y sensual arpía de 16 años, muestra su interés por conocer al profeta; indaga cómo es y muestra su deseo de verlo. Se entera de que el profeta es joven. Conocedora de su poder de seducción, lo emplea ante Narraboth para que este le deje ver al prisionero. Narraboth no puede resistirse y el profeta sale de la celda. La joven queda fascinada al verlo. El deseo que siente por su cuerpo, sus cabellos y sus labios es contestado por Jokanaán con estallidos de ira y palabras de odio. Sus intentos de atraerlo como mujer son contestados con desdén y desprecio. Tras maldecirla, el Bautista retorna a su prisión.

    En la cuarta escena, Herodes entra en medio de frases grotescas y disonantes de los fagots y atraído por su belleza, busca a Salomé. Herodías, su madre, intenta convencerlo de que mate al profeta. Herodes se niega, convencido de que se trata de un hombre santo. Un grupo de judíos irrumpe en ese momento para discutir acerca de su religión, en un admirable quinteto que divide la obra en dos partes simétricas. Para olvidar estas discusiones, Herodes pide a Salomé que baile para él, prometiéndole entregarle todo lo que ella le pida. Es el momento de la célebre Danza de los 7 velos, una página a la que en muchas ocasiones se le ha reprochado su presunta vulgaridad, pero que posee una carga sensual incuestionable, sin caer en un fácil orientalismo de salón. Salomé se quita las sandalias y procede a bailar.

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