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Nuevas “naciones indispensables”

12 ene 2017 / 00:00

Tras el “shock” del referendo del “brexit” en el Reino Unido y la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos en 2016, este será un año decisivo para Europa. Las próximas elecciones parlamentarias en Francia, Alemania, Holanda y posiblemente Italia, decidirán si la Unión Europea se mantendrá como un todo o se desintegrará bajo la ola neonacionalista que barre a Occidente. Mientras tanto, las negociaciones del “brexit” comenzarán en serio, dándonos un atisbo del futuro de la relación entre la UE y el RU. Y algún día se recordará la toma de mando de Trump el 20 de enero, como un punto de inflexión para Europa. A juzgar por las declaraciones de Trump en el pasado acerca de Europa y sus relaciones con Estados Unidos, la UE debería irse preparando para cambios profundos. Trump, exponente del nuevo nacionalismo, no cree en la integración europea. Tiene un aliado en la figura del presidente ruso Putin, que por largo tiempo ha intentado desestabilizar la UE al apoyar las fuerzas y movimientos nacionalistas en sus Estados miembro. Si la administración Trump apoya o hace la vista gorda ante esta actitud, la UE (atrapada entre rusos provocadores y Breitbart News) tendrá que prepararse para tiempos complejos. Las consecuencias podrían ser todavía más serias si Trump, además de replantear la relación estadounidense con Rusia, sigue poniendo en duda la garantía de seguridad de EE. UU. para con Europa a costa de la OTAN, que ha institucionalizado el marco de seguridad de EE.UU. por más de seis décadas. Los europeos se encontrarían repentinamente solos ante una Rusia que cada vez más ha recurrido a medios militares para cuestionar fronteras (caso de Ucrania) y reafirmar su influencia (o incluso su hegemonía) en Europa oriental. Pronto sabremos cuáles son los próximos pasos para la OTAN, pero ya se ha hecho mucho daño. Las garantías de seguridad no son solo cosa de equipos militares; el garante también debe proyectar un mensaje creíble de que está dispuesto a defender a sus aliados siempre que sea necesario. Son acuerdos que dependen en gran parte de la sicología y de la fiabilidad de un país, ante amigos y enemigos. Cuando se daña esa credibilidad, se produce el riesgo de una provocación y con ella la amenaza de una escalada a crisis más graves, o incluso un conflicto armado. Considerando este riesgo, la UE ahora debería apuntalar lo que queda de la OTAN y concentrarse en apoyar su propia integración institucional, económica y legal. También debería dirigir la mirada a sus Estados miembro como opción de respaldo en términos de seguridad. Para ello Francia y Alemania son indispensables, tanto mejor si EE. UU. renueva su propia garantía de seguridad. Además, la UE debería crear un acuerdo de cooperación estratégica pos-Brexit con el RU, cuya posición geopolítica e intereses de seguridad no cambiarán. Al haber estado protegida por el marco de seguridad de EE. UU., la antigua UE se convirtió en potencia económica, pero sin esa garantía, solo podrá dar respuesta a sus realidades geopolíticas actuales desarrollando su propia capacidad de proyectar poder político y militar. Seis décadas después de la creación de la Comunidad Económica Europea, una vez más la historia y los acontecimientos impulsan a Francia y Alemania a dar forma al futuro de Europa.

Project Syndicate

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