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Ni estatolatría, ni mercadolatría

21 mar 2017 / 00:00

    Siempre he pregonado que lo económico y lo social, en cuanto a la búsqueda del desarrollo, entendido este como una mejor calidad de vida para todos, son dos caras de una misma moneda.

    La cuestión es simple: sin desarrollo económico no se puede atender las demandas del desarrollo social, y sin desarrollo social, no hay desarrollo; en el mejor de los casos, solo crecimiento, y únicamente crecimiento no puede ser la meta a perseguir, si se tiene a los seres humanos como objetivo y fin del desarrollo.

    Estas reflexiones vienen al cuento cuando se intenta superar un periodo de fuerte estatismo con hiperpresidencialismo, sustentado en una estrategia del gasto público con gran incremento burocrático en donde, mientras se pudo, lo importante era gastar sin reparar ni en la calidad ni en la pertinencia del gasto, tampoco en su ética; esto es, despilfarrando una racha de altos ingresos petroleros.

    Ahora, en plena crisis, aunque parezca deseable darle la vuelta al modelo estatocéntrico, al hacerlo, no debe pretenderse reemplazarlo por un modelo que apunte exclusivamente al mercado. Sin negarlo, reconociendo su peso en la vida de las naciones, por tanto, sin mercadofobia, no cabe entrar en un periodo de estatofobia. Los hechos, en buena hora, no se dan en blanco o negro. Como no siempre funciona la mano invisible, el mercado tiene que ser regulado por el Estado y el Estado debe respetar las señales del mercado, incluso las que se dan en ámbito mundial en estos tiempos de globalización, y fomentando por tanto su libre desenvolvimiento.

    Sin prejuicios ideológicos de naturaleza alguna, insistiendo en recalcar el rol de la política como eje de la acción gubernamental, hay que poner a dicha actividad al servicio de sus resultados y no al de utopías sesgadas por el sectarismo. Política es resultados, más aún en periodos críticos.

    Por supuesto, lograrlo requiere un clima de amplias libertades en el marco de una gran unidad nacional, y obviamente, una enorme madurez cívica que priorice los intereses del país.

    Ojalá las experiencias recién vividas contribuyan a una reflexión de este tipo por parte del electorado.

    huertaf@granasa.com.ec

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