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Mamar gallo

13 ago 2017 / 00:00

Mamar gallo es una expresión colombiana usada aquí con amplio espectro. En su acepción común (aparte de su connotación erótica, curiosamente reversada del americanismo que lo usa frecuentemente) el mamador de gallo se toma la vida en chiste, y deja de lado la seriedad en el trato de las personas o el manejo de las circunstancias.

Mamar gallo, sin embargo, significa también tomar el pelo, menospreciar al otro, o darle vueltas al asunto. La mamadera de gallo tiene consecuencias, y muchas de ellas son amargas o simplemente inaceptables.

En la versión política local de mamar gallo convivimos con una administración de justicia cuyo fin es el de preservar la impunidad de los corruptos y perseguir a los opositores. Somos indignados espectadores de cómo se arrastra el nombre del país para defender a la banda del crimen organizado que ha destruido a Venezuela. Observamos estupefactos la defensa cerrada de la franquicia del socialismo siglo XXI. Somos testigos de la parálisis cerebral en materia de política económica. Y sonreímos sardónicamente al leer acerca de la búsqueda tardía de un acuerdo comercial con Estados Unidos.

Esta semana el Gobierno desafía el sentir de los ecuatorianos. El lenguaje de la hipocresía y de la mendacidad ha adquirido nuevos ribetes al defender, a nombre de la soberanía, la capacidad de un gobierno para asesinar a su gente, matarla de hambre, asaltar todos los principios de la democracia en nombre de ella, montar eventos electorales fraudulentos con la mayor impunidad, y ¡pretender que la solidaridad latinoamericana debe ser usada para preservar la impunidad de gobernantes que hace rato dejaron de representar la voluntad de un pueblo! La defensa a rajatabla de lo indefendible muestra las verdaderas cartas de un régimen que se adhiere a la ideología del totalitarismo.

La economía es otra mamadera. ¿Que se van a inyectar miles de millones en la economía?; hay que preguntar ¿quién los va a inyectar? No será el Gobierno, cuyo presupuesto tiene un déficit del 9 % del PIB; y si lo fuere, ¿de dónde sacará el dinero?, ¿de más impuestos? Considerando la filosofía de su equipo económico, el mismo de Correa, ya sabemos para dónde tirará la política económica. En la tradición de los sumisos, el Gobierno continuará recibiendo sus órdenes desde Bruselas.

No se va a inaugurar ninguna nueva política comercial. Ecuador perdió el tren y hoy pretende “subirse al andar” bajo el liderazgo de quien no está preparado para enfrentar el desafío, representante de un gobierno alienado de los intereses de una administración americana de por sí atrabiliaria, pero eso sí reconocida por su radical antimadurismo.

Igualmente, que quede claro que los ecuatorianos no tenemos por qué sufrir los efectos de la premeditada incompetencia en el manejo del crédito público, manejo que nos condena a pagar las más altas tasas de interés en el mundo. Hablaremos en algún momento de la deuda ilegítima que, contrariando el mandato de su propia, espuria, Constitución, utilizó los recursos de capital para fondear los $70.000 millones de gasto en “Otros” de la década perdida.

¿Mamar gallo? ¡Qué va! Es simplemente más de lo mismo.

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