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Los tres chanchitos

16 sep 2017 / 00:01

    En el cuento de los tres chanchitos, como en muchos otros cuentos infantiles, todos terminan felices y contentos. Hasta los dos chanchitos vagos que construyeron mal sus casas y se fueron a jugar, para luego recibir posada donde el chancho trabajador, terminan felices y contentos, comiendo su comida y disfrutando de su chimenea.

    No pueden ser buenos los cuentos con los que un niño aprende que dejar sus tareas de lado para ir a jugar es un comportamiento premiado. El cuento enseña implícitamente que no les pasa nada a los que hacen las cosas mal. Tan mala es mi memoria que no recuerdo ahora otros cuentos similares que desfilaron por mi cabeza mientras planificaba esta columna. Pero basta abrir el periódico o prender la tele para encontrarse con decenas de personajes de carne y hueso que optando por el camino fácil, se salen con la suya sin sanción alguna.

    Leí hace un par de semanas atrás una entrevista al jurista quiteño Oscar Vela, quien con meridiana claridad respondía preguntas sobre el concepto de impunidad y su raigambre cultural.

    Tenemos un entramado muy bien armado para la impunidad. Primero el escándalo público, acusaciones van y vienen, pero no se prueba nada. Luego el imputado se entrega en los brazos de un sistema judicial cuyos códigos son excluyentes y ajenos al ciudadano de a pie.

    Ahí, cuando la sanción debe servir de escarnio, de lección, entre doctores con títulos crípticos y argumentaciones procesales exóticas, la sanción se desvanece y nadie se entera finalmente de cuántas cosas quedan impunes. Luego se repite el ciclo con el siguiente escándalo público, que ayuda a distraer la atención.

    Lo triste de este cuento es que los países donde la impunidad campea enfrentan serias amenazas a la calidad de vida de su gente: se asesinan periodistas, políticos, empresarios y cientos de ciudadanos comunes, sin explicación ni sanción.

    La Universidad de las Américas de Puebla calcula un índice de impunidad en el que puntea México y en el que Ecuador “ranqueó” 18, apenas arriba de Venezuela. Ojo.

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