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Los nuevos nombramientos de embajadores

14 ene 2018 / 00:00

En el Gobierno de los triunviratos, presidido por el contralmirante Castro Jijón, los funcionarios de la cancillería se aprovecharon para redactar una ley que los favorecía, y como no había congreso para que haga observaciones, los triunviros la aprobaron. Entre los múltiples beneficios que se señalaron, estaba en que el jefe de Estado, responsable de la política exterior del país, solo podía nombrar al 25 por ciento de sus representantes en el exterior. El resto tenían que ser los diplomáticos que, con la ley, podían considerarse de carrera.

Años después, crearon la Escuela de Diplomacia, manejada por ellos mismos, en la que cerraron el círculo para que puedan ingresar familiares y amigos. Era una forma de impedir la intromisión de los institutos de Diplomacia que tenían las universidades en Quito y Guayaquil. Para pertenecer a ella, había que dar exámenes y estudiar dos años en Quito, aunque ya hubieran aprobado y obtenido su título en los institutos antes mencionados. Los que podían estudiar esos dos nuevos años pasaban a trabajar como terceros secretarios con un sueldo que solo les permitía vivir a los residentes en la capital. Para un guayaquileño o candidatos de otras provincias era casi imposible subsistir.

Pero no contentos con esto, se formó una comisión para que redacte una ley más dura y con lobistas del Ministerio de RR. EE., en el Congreso, lograron su aprobación y casi a última hora la enviaron a la Presidencia, cuyo abogado, parece que no entendía del asunto y le dio informe favorable al presidente, que ya casi terminaba su período, y la aprobó. Entre los cambios que se hicieron fue disponer que el presidente solo podía nombrar el 15 por ciento de sus representantes, equivalente a solo siete embajadores de los más de 50 que habían. Conste que se violaba la Constitución vigente en esa época, ya que una de las facultades del presidente era nombrar libremente a sus embajadores.

Cuando ascendió al poder el presidente Correa, no tomó en cuenta la ley. Los diplomáticos de carrera se quedaron callados y el servicio exterior se llenó de partidarios o ministros y funcionarios de los cuales se quería deshacer. La única obligación impuesta fue la de ser simpatizante de Chávez, Castro y luego Maduro. También, los hijos de sus principales allegados fueron designados secretarios de embajadas y consulados para dedicarse a estudiar en el exterior con el sueldo del cargo que ocupaban.

La presentación de credenciales. Uno de los actos más solemnes para un embajador es la presentación de credenciales. Los países se esmeran en darle realce al acto. Por ejemplo, cuando me correspondió presentar credenciales en la URSS, fui recibido en el Kremlin, con guardias de honor, himnos de los dos países y más deferencias.

Al presidente Correa no le gustaban estos actos y los embajadores que llegaban a Quito tenían que esperar hasta que viaje al exterior y así presentar las credenciales al vicepresidente. Para nuestro criterio, era una falta de respeto al representante de un Estado extranjero.

Cambios en el Servicio Exterior. En la actualidad se ha nombrado embajadores con mucha experiencia o personas de bastante jerarquía como ha sido el caso de España. En cuanto a la designación del excanciller Carrión, lo recibió el presidente para darle las instrucciones correspondientes, acto que también se había suprimido.

Los consejos del embajador Carrión. Con su gran conocimiento de la política exterior, se dio el lujo de recomendarle al jefe de Estado los pasos que debe dar la cancillería para obtener una serie de beneficios, volviendo a mantener buenas relaciones con nuestro socio económico principal. Además, entre esas sugerencias estaba la de librarse de ese huésped que le saca provecho al país, sin tener ninguna razón para seguir como asilado político, porque nunca lo fue. Han prescrito los juicios penales que se le siguieron en Suecia por acoso sexual y violación y la cancillería lo mantiene en la embajada ecuatoriana en Londres. El propio embajador Carrión podrá certificar que no existe ningún juicio contra él en los Estados Unidos y que el pretexto de nuestra cancillería de que peligra su vida, no tiene ningún fundamento. Algo más habrá que no se quiere divulgar y que se ha convertido en un verdadero secreto de Estado.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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