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¿Los italianos “votan con los pies”?

13 mar 2018 / 00:00

    Es probable que la indecisiva elección general en Italia, que muestra un claro giro populista, lleve a un largo período de parálisis política que congelará la adopción de muy necesarias reformas estructurales. Pero el “impasse”, y con él la percepción de que el país no quiere cambiar, pueden tener otro efecto preocupante: aumentar la fuga de cerebros italianos, agravando una tendencia que asoló al país por más de un decenio. Desde 2007, casi 1,5 millones de italianos se fueron del país, sumándose a otros cuatro millones de expatriados, aproximadamente 8 % de la población italiana. Pero es posible que la cantidad real sea mayor. Hay expatriados italianos que no declaran a las autoridades nacionales su situación de residencia real, para conservar el acceso a beneficios como la atención médica gratuita. Más o menos un tercio de los emigrados tienen título universitario. Muchos son profesionales altamente calificados que trabajan en finanzas, consultoría, arquitectura, derecho o el sector académico. Abundan las historias de emprendedores italianos que fundaron empresas exitosas en los Silicon Valleys del mundo. Los principales imanes de talento son Francia, Alemania, el Reino Unido y Estados Unidos. Ni siquiera el “brexit” frenó la inmigración. También la élite intelectual se está yendo del país. La pérdida para el país es doble, pues por lo general los emigrantes estudiaron en Italia a costa del erario público, lo que asciende a unos US$ 600.000 por cada graduado universitario. Desde 2007 el país hubiera perdido cada año entre 4 y 5 puntos porcentuales del PIB. Y como los expatriados suelen ser los más insatisfechos con el “statu quo”, Italia pierde a los agentes más probables de cambio, que podrían sacudir una economía estancada y extender la frontera tecnológica. Si su presidente, Sergio Mattarella, logra que se forme un gobierno de unidad nacional, debería poner el problema de la fuga de cerebros al tope de la agenda política, junto con el mercado laboral, el sector financiero y el sistema de pensiones. Para demostrar el compromiso del Gobierno, el próximo primer ministro debería crear un ministerio de la diáspora. Lo ideal sería que Italia revierta la fuga de cerebros mediante la adopción de reformas para conservar el talento italiano y recuperar el que ya se ha ido. Pero los efectos de esas medidas se materializarían en el largo plazo. Por eso, el Ministerio de la Diáspora debería concentrarse en soluciones inmediatas y en trazar un mapa de la diáspora, compilar perfiles detallados de las habilidades y experiencia de los individuos más talentosos de Italia en el extranjero. Así evaluarían la gravedad de la fuga de cerebros, conectando a los emigrados con posibles empleadores en Italia e involucrando a los más exitosos en proyectos filantrópicos y de mentoría. Además, el Gobierno debe organizar eventos periódicos formales con expatriados y aprovechar sus ideas y su experiencia para promover innovación, emprendimiento y el crecimiento de industrias clave. La mejor fuente de inspiración para un programa de estas características es Irlanda. Desde 2009, mantiene un programa llamado “Global Irish” que promueve la vinculación con la inmensa diáspora del país; esto incluyó la creación de un ministerio ad hoc y la adopción de medidas particularizadas. Su impresionante recuperación tras la crisis financiera de hace diez años no hubiera sido posible sin el apoyo, recomendaciones y participación de su diáspora. Italia desatendió demasiado tiempo su fuga de cerebros. Paradójicamente, la parálisis actual ofrece una oportunidad excelente para resolverla.

    Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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