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Los fantasmas de Lesbos, la desgracia de Europa

14 nov 2017 / 00:01

En 2015, cientos de miles de refugiados desembarcaron en las costas de las islas de Grecia. Muchos murieron en el mar. Hoy, se le ha hecho creer a la población internacional que la crisis de refugiados de Grecia ha amainado. En verdad, se ha convertido en un flagelo permanente que carcome el alma de Europa y fragua un problema futuro. La isla de Lesbos sigue siendo, su epicentro. La historia de Shabbir demuestra de qué manera descarnada la realidad choca con el relato oficial de Europa. Shabbir, de 40 años, vivía con su esposa y dos hijos pequeños en una ciudad de Pakistán, donde administraba un negocio de alquiler de autos. Una noche, dic/2015, un grupo local de extremistas islámicos arrojó una bomba molotov a la casa del vecino de Shabbir. Ellos eran cristianos y los extremistas se habían propuesto desalojarlos y convertir su casa en una madrasa (escuela religiosa). Instintivamente, Shabbir salió corriendo en defensa de sus vecinos cristianos. Lo acusaron de “apóstata”, le quemaron el negocio, mataron a su hermano, su mujer y sus hijos huyeron a ciudades vecinas y Shabbir y su padre de edad avanzada, emprendió el largo y cruel camino, a través de Irán y Turquía, a una seguridad imaginada en la Europa civilizada. El padre de Shabbir murió de agotamiento en algún pico nevado de Turquía. Meses después, al subirse a la embarcación endeble de un traficante en la costa turca del Egeo, naufragó y se encontró rodeado de decenas de refugiados ahogados. Lo recogieron frente a la costa de Lesbos y lo llevaron al campo de Moria, donde comenzó su segundo padecimiento. Ningún occidental que visitara Moria durante el invierno de 2016/2017 podría no sentirse deshumanizado. Barro, basura y excrementos humanos formaban un magma de miseria. Además de la indiferencia oficial reflejada en los recursos insignificantes ofrecidos por la UE y las autoridades griegas. Los refugiados como Shabbir enfrentaban un mínimo de nueve meses antes de su primer encuentro con algún funcionario que recibiera su solicitud de asilo. En el campo, una pequeña oficina improvisada, rodeada de más alambre de púa y cientos de refugiados desesperados, admitía una o dos personas por hora para su primera entrevista. “...siendo afgano o pakistaní y enfermo, puede llevarte 12 meses antes de poder hablar con un funcionario”, nos dijo un refugiado. “Somos fantasmas que deambulan por ahí sin que nadie se dé cuenta”, observó. “Habría preferido que nos hubiéramos muerto en la guerra”. En el campo, algunas familias recibían como beneficio el lujo de un contenedor, privilegiadas con esto a pesar de la falta de agua corriente, etc. Era experimentar el ascenso a la inhumanidad... Un año después de que Shabbir llegó a Lesbos, y tres meses después, su solicitud de asilo fue rechazada y se emitió una orden de deportación. Y cuando intentó buscar refugio en un pueblo cercano, la policía montó una cacería humana. Finalmente, se entregó, antes de ser llevado de nuevo a Turquía. No hemos oído de él desde entonces. El trato de la UE con el presidente de Turquía, Erdogan, negociado en 2016 por la canciller alemana Angela Merkel, tenía un único propósito: frenar la ola de refugiados de Turquía a Grecia a cualquier precio. Los únicos sobrevivientes en este naufragio moral son voluntarios y pequeñas ONG de todo el mundo- que han venido manteniendo vivo el espíritu de humanidad.

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