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Los cien días...

20 may 2017 / 00:00

    Luego de posesionado un nuevo presidente de la República, la ciudadanía mantiene expectativas de cómo será la administración, estableciéndose un compás de espera para poder evaluar su accionar en tan delicadas funciones. Usualmente se establece cien días de tregua política, aunque pueden ser noventa o ciento veinte, puesto que en tres o cuatro meses ya se puede formar un criterio sobre la actitud y competencia del gobernante en la administración pública, con sus ministros y funcionarios designados. El licenciado Lenín Moreno Garcés será posesionado el 24 de mayo como nuevo presidente constitucional de la República del Ecuador, y es necesario que todos los sectores actuemos en beneficio de esta patria tan vuestra y nuestra, como de ellos.

    El Ecuador es uno solo y el presidente de la República debe gobernar para todos los ecuatorianos, para los que votaron y los que no votaron por él. Es la hora del esfuerzo mutuo, de la reconciliación, del accionar conjunto de las mayorías con las minorías, del trabajo con el capital, de lo público con lo privado, de la libre empresa con los organismos estatales. Cien días son suficientes para que el presidente posesionado convenza a los más del 50 % de ciudadanos que no votaron por él, de su auténtico llamado a la paz, el respeto al derecho y a la democracia, así como de la lucha contra la delincuencia y corrupción. Ya ha dicho que gobernará con la mano extendida, abriendo puertas y construyendo puentes, sin prepotencia ni confrontación, con diálogo y respeto. Confiemos en ello. Hay que olvidar ofensas de campaña, dejar de lado rencores y rencillas. Los grupos políticos y de ciudadanos, quieran o no, deberán acatar la normatividad legal existente y todos trabajar en favor de nuestro país, que se desangra por la división y violencia. Para esto, el presidente y su equipo deben inspirar confianza por sí mismos, puesto que no sucede así con los organismos y funcionarios de control.

    Yo, “Desde mi columna”, seguiré observando el paso del tiempo y ojalá que algún funcionario oficioso no se moleste por mi autocensura de los cien días.

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