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Los años 70

02 ene 2018 / 00:00

En mayo de 1974 la Academia de la Lengua lo condecoró por preservar y enriquecer la lengua común de la hispanidad, a través de una columna semanal especializada en su página editorial. A los pocos meses asistió al Coloquio sobre la lengua española en el mundo contemporáneo organizado por la Academia Mexicana en su primer centenario, con la ponencia El español actual, retos y políticas, reproducido en el boletín de la AEL, y el académico Vicente Zamora solicitó que se presente esa ponencia en el próximo Congreso de Academias “pues todo lo que dice el señor Rodríguez Castelo es importantísimo”. Su Guía de lecturas por edades, cuyo listado entregó en España a la revista Educadores, cobró nueva actualidad ese mismo año 74 al salir en Bogotá con el nombre de Grandes libros para todos, Ediciones Paulinas. Las setecientas obras de narrativa -ya no solamente enumeradas sino también comentadas y divididas en siete niveles según las edades de los posibles lectores-, fue calificada de utilísima y en 1980 conoció una nueva edición, esta vez boliviana, con una sección de literatura sobre ese país, en la Biblioteca Popular Boliviana de última hora, La Paz. El propio Hernán ha calificado certeramente a esta época como de intensa actividad y trabajos, dando cursos universitarios de ciclo doctoral, conferencias como la del centenario de Thomas Mann en la CCE, asistencia a congresos y soliloquios como el Latinoamericano de Literatura en Frankfurt, participación en jurados de literatura y pintura, distinciones y premios, y por supuesto, los pequeños ensayos de su columna semanal Microensayo, que considera lo más destacable. Con La historia del fantasmita de las gafas verdes (1975), prologado por Benjamín Carrión, continuó en Quito la saga de cuentos infantiles iniciada con Caperucito azul, en España. El cuento ha sido calificado de obra maestra del relato infantil por magnífico, sugestivo, delicioso y lleno de episodios de clara poesía; está considerado un clásico de la literatura infantil del continente y fue presentado junto a otras obras suyas en la Feria del Libro de Frankfurt el 76. En cambio, en el VII Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua, Santiago de Chile, 1977, asistió con dos ponencias: una sobre la necesidad de construir una política de las academias frente a los grandes retos que plantea el español al mundo contemporáneo y otra sobre unificar la terminología lingüística en el mundo hispánico. El 79 celebró el milenario del nacimiento de la lengua castellana con su libro Cómo nació el castellano, en la editorial Publitécnica, Quito, como número 2 de una Serie de Divulgación Cultural de su autoría, cuyo primer número estuvo dedicado al Hermano Miguel lingüista, el 3 a Benjamín Carrión, el hombre y el escritor, y el 4 a Diez años de cultura en el Ecuador 1969-1979, período que como escritor para El Tiempo lo había seguido día a día dando noticias y haciendo crítica, recogido en una estupenda panorámica. El 79 la CCE Núcleo del Guayas editó un tomo de sus cuentos con el nombre de uno de ellos, El grillito del trigal, estimado por Luis Campos Martínez como el mejor cuento para niños que se ha escrito en el Ecuador. Más tarde fue llevado al teatro. Su autor ha manifestado que lo escribió en sus años mozos, pasados como estudiante en la U. de Comillas. Varios congresos y academias habían notado la falta que hacía un estudio de las palabras de connotación sexual usadas en el castellano actual y animado por dos académicos peruanos amigos sorprendió el 79 con Léxico sexual ecuatoriano y latinoamericano, Quito, obra extensa y rigurosa, que calificada al año siguiente por el Almanaque Ecuatoriano resultó ser el Libro del Año. También apareció por entonces Quito, Patrimonio de la Humanidad.

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