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Lecciones venezolanas

16 ene 2017 / 00:00

    Es inevitable, al comenzar el año, ocuparse de Venezuela. El mensaje que transmite la increíble pesadilla que su población vive es que los ciudadanos de las democracias son extremadamente vulnerables y que los remedios contra los males que los acosan no están, lastimosamente, al alcance de la mano. Cuando empezó a desencadenarse la debacle del sistema chavista, muchos creyeron, por desgracia ingenuamente, que era el fin de ese sistema de gobierno. Que la población o los grupos dirigentes se darían cuenta de que no se iba a ninguna parte sino a la destrucción y que pronto comenzarían la resistencia y el cambio.

    Nada de eso ha sucedido. Venezuela está arruinada económica y moralmente. Pero el equipo gobernante no reacciona y más bien se empecina en mantener el rumbo, empeorando la situación. No se trata de nada nuevo en realidad. Hasta el último día, con los soviéticos cerca, combatiendo en las calles aledañas, Adolfo Hitler pensaba que estaba a punto de ganar y que la solución mágica vendría milagrosamente. Destruyó Alemania y si hubiese sido necesario habría hecho que se destruya más, pero no cejó en su locura y en su fanatismo.

    La lección venezolana es tan clara que a veces resulta imposible de captar por los que pueden vivir una situación semejante. La receta venezolana es precisa: dividir personas e instituciones enfrentándolas permanentemente, avanzar poco a poco en el futuro control con leyes y reglamentos que en su enunciación son de sentido común; exaltar sentimientos y pasiones. Saquear de paso el sentido común. Armar una falsa universalidad donde todos aparentemente están representados.

    Sin embargo, toda esta estrategia se supone que tenía una debilidad: darse de bruces con los hechos. ¿Cómo mantener todas estas fábulas si la realidad llegaba a desmentir su presunta veracidad?

    Utilizando la referencia biológica, el problema se da cuando el sistema está ya tomado por la enfermedad y no hay posibilidad de reacción. Cuando tanta mentira ha erradicado el concepto mismo de verdad. Cuando tanta impunidad ha dejado claro que el poder hace del bien mal.

    colaboradores@granasa.com.ec

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