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La nueva elección

05 mar 2017 / 00:01

    La segunda vuelta, o “ballotage”, es un proceso eleccionario muy empleado desde 1979, cuando retornamos al régimen constitucional. Se ha aplicado 6 veces: se estrenó con la elección de Roldós y se aplicó la penúltima vez con el nombramiento de Correa. Generalmente, se produce como consecuencia de una polarización político-electoral ante un fuerte liderazgo carismático, como sucedió en los casos de Febres-Cordero - Borja, Bucaram-Nebot o Correa-Noboa; o, en algunos casos por el fraccionamiento del electorado por un alto número de candidatos presidenciales. Podemos decir que en el país hay una experiencia al respecto.

    En esta perspectiva, los resultados de las elecciones del 19F no son una novedad ni tampoco una sorpresa. Pesa la década de un gobierno desgastado que quiere continuar en el poder a través de su candidato, como también cuenta el mercadeo político realizado alrededor de ocho años por el candidato Lasso. El crecimiento del anticorreísmo y la recomposición de una derecha fragmentada sí son elementos nuevos en el escenario electoral actual y que complejizan el análisis, ya que la segunda vuelta es una nueva elección, que supone otras estrategias y procesos comunicacionales, que difieren de los aplicados en la primera.

    En este sentido, es obligatorio que los contrincantes redefinan los contenidos de los discursos; deben pasar del baratillo de ofertas y promesas a las concreciones y seguridades al electorado. Tampoco pueden basarse exclusiva o dominantemente en el descrédito del otro, en la “guerra sucia”, porque a la larga disminuye la imagen y capacidad del que los emplea recurrentemente.

    En el “ballotage” se debe no solo conservar el “voto duro” de los candidatos sino que se tiene que aumentar, atrayendo tanto a los que no votaron (ausentismo), como a los que sufragaron en blanco o anularon su voto. Pero también se deben impulsar alianzas o pactos a partir de concertaciones programáticas con otras fuerzas políticas; a partir de aquí se diferenciará el demagogo del mandatario y se empezará a construir políticamente el estadista.

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