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La democracia en América

19 feb 2017 / 00:02

    Le copio el título a una gran obra del pasado para seguir pensando en el futuro. No es paradojal el propósito. Sigo creyendo que “a cada paso... encontraremos la presencia de lo viejo en lo nuevo”. Lo que ocurre, como ahora, es que también se dan retrocesos. Uno de esos, graves, es el que atañe a la calidad de la democracia en el continente americano. En efecto, si lo miramos en cuanto a los regímenes políticos predominantes, sea a la izquierda, sea a la derecha, el déficit democrático es notable. Si hacemos la salvedad de Canadá y Uruguay, que mantienen una democracia consolidada, ni la antes emblemática Costa Rica se salva de los trastornos producidos por la demagogia, la corrupción, el tráfico de drogas o el desencanto.

    No quisiera hacer un recuento país por país para no correr el riesgo de las omisiones. En muchas ocasiones la situación real supera lo que puede apreciarse desde lejos, para lo malo y para lo bueno, pero los invito queridos lectores a que recorran América, desde los Estados Unidos a la Argentina, y el panorama será al menos desagradable, en cuanto al respeto que en todos los países que la integran se le otorga a los valores incorporados a lo largo de los siglos como derechos humanos , y en cuanto a la plena vigencia de las correlativas libertades que se hicieron como monumentos en las palabras de Jefferson o San Martín. Ni qué decir, para tomar un caso lacerante, con los pensamientos del Libertador Simón Bolívar y Venezuela o cualesquiera de los pueblos que obtuvieron su independencia en el resplandor de su espada o sus múltiples talentos.

    Lo más grave de todo es que como el mal es general, nadie se atreve a plantear la enfermedad del otro por temor justificado de que se le replique con el ya comentado: y tú también. O peor, con un rotundo: ¡cómo te atreves!

    Por eso, la jornada electoral de hoy adquiere relevancia no únicamente para la recuperación de un futuro democrático del Ecuador; lo tiene también para el de todo el continente, con la singularidad de que algunos países como los Estados Unidos poseen una estructura institucional que actúa como escudo protector.

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