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La antipoesía de Parra

14 feb 2018 / 00:00

    El poeta chileno Nicanor Parra, que acaba de fallecer, cruzó la edad centenaria en una suerte de supervivencia que estuvo acorde con lo que él denominó la “antipoesía”. Y así como fue más allá de las palabras, también cruzó impasible los años que transcurrieron desafiando a la parca. Y aunque no hay mal o bien que dure cien años, como dice la vieja expresión popular, Nicanor llegó a vivir 3 años más allá de la centuria y quienes estuvieron a su lado cuentan que lo hizo no como un hombre viejo, agotado y silencioso, sino trabajando en su quehacer poético, como lo había hecho siempre.

    Tuve la oportunidad de conocer y hacer con él una muy rápida amistad durante los pocos días de su permanencia en este puerto, invitado para uno de esos encuentros internacionales de escritores que solía hacer en el pasado el Municipio porteño. En aquella oportunidad dictó alguna conferencia y participó como único hablante en un recital en el teatro del núcleo de la institución creada luego de “la gloriosa” y que enrumbó Benjamín Carrión.

    Nicanor Parra perteneció a una insigne familia de artistas chilenos, siendo su hermana la famosa Violeta, cantautora que paseó su fama por el mundo llevando el vibrante mensaje de la tierra de la Mistral y Pablo Neruda. Y lo que resulta interesante también es que el poeta fue además ingeniero y matemático, lo que de cierta manera quiere decir que los números no son enemigos declarados de las letras sino más bien sus cómplices. De igual manera que otros hacedores de versos profesaron la medicina, como el ecuatoriano Borja Lavayen y el norteamericano William Williams. O fueron también pintores y hasta músicos. Picasso y Dalí son autores de algunos poemas. Y es que la poesía, madre de todos los géneros literarios, forma parte de la vida sea cual fuera la profesión que escojamos para sobrevivir.

    Nicanor tiene varios libros publicados que han tenido gran aceptación, porque la suya es una poesía distinta, desacralizada, que le otorga hermandad con la prosa y el humor. Sus Artefactos son una manera de mezclar lo gráfico con lo literario, usando el lenguaje popular que a veces puede permitirse, con todo derecho, el uso de las mal llamadas “malas palabras”.

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