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Itinerarios de la verdad

27 feb 2017 / 00:00

    Hace tiempo que la verdad perdió su idílica posición de ser un lugar asequible, disponible solo para los interesados exclusivamente en su propio conocimiento, y alcanzable gracias a las virtudes de la buena conciencia y el uso de la razón argumentativa, a la que en términos kantianos se llamaba entendimiento. A lo mejor no lo fue nunca.

    La luminosa visión de una verdad que espera al remontar la cima de una agreste colina no tiene nada que ver con los conflictos dialécticos con los que se enfrentan los comensales en los diálogos platónicos para tratar de entender qué es y cuya conclusión termina en la muerte de Sócrates, pero no en la aclaración de aquella que, como se recuerda siempre, está “más allá de la esencia”.

    “La verdad es que nuestra nación está más dividida que nunca”, dice el anuncio que The New York Times ha preparado para que aparezca como “spot” en la gala de los Premios Óscar. Y a continuación propone una serie de frases que ilustran las difíciles condiciones de la verdad en nuestro tiempo: “La verdad es difícil. La verdad es difícil de encontrar. La verdad es difícil de conocer”. Para concluir sin embargo que: “La verdad es más importante que nunca”. Estas afirmaciones están por supuesto relacionadas con la disputa que el periódico mantiene con el actual presidente de los EE. UU.

    El problema de la verdad es que no existe aislada sino que está relacionada con el poder y la libertad. Por ello no es posible, estrictamente hablando, una “posesión” de la verdad. La verdad circula en territorio movedizo, convulso siempre, entre las constricciones del poder y las piruetas de la libertad. Se trata entonces de lograr consensos, de construir acuerdos entre personas libres que debaten, entre luces y sombras, qué hacer en asuntos públicos.

    Desde ese punto de vista, la verdad es más bien la exigencia de una libertad negativa, como decía Isaiah Berlin. La lucha por evitar las sujeciones, las opresiones del poder, para constituirse como un ser libre.

    Libertad y verdad son equivalentes. Más que posesión, la verdad es el acto de ser libre.

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