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Irán, el poder hegemónico vacío

01 feb 2018 / 00:01

Los líderes israelíes y árabes han pasado años advirtiendo el ascenso de un imperio chiita liderado por iraníes, que se extendería por gran parte de Oriente Medio. Ahora que Irán está conectado al Mediterráneo a través de un corredor terrestre que atraviesa Irak, Siria y Líbano, muchos hablan de una reivindicación. Pero el miedo de Irán como un poder hegemónico regional es sumamente exagerado. Oriente Medio está plagado de conflictos localizados, muchas veces alimentados por rivalidades entre caudillos, pero ningún actor regional está interesado en una conflagración de trascendencia. Esto es particularmente válido en el caso de Irán, que es incapaz de proyectar un poder militar convencional más allá de sus fronteras. En verdad, el programa nuclear de Irán estaba destinado a compensar su debilidad militar convencional en un vecindario donde tiene más enemigos que amigos. Sin embargo, al llevar a la comunidad internacional a imponer sanciones paralizantes, el esfuerzo nuclear de Irán terminó minando aún más el progreso del país, impidiendo el progreso tecnológico y la inversión militar. Mientras tanto, sus enemigos, sobre todo Israel y Arabia Saudita, que tienen presupuestos militares mucho mayores, adquirían las tecnologías militares occidentales más avanzadas. Frente a esta debilidad, el corredor terrestre de Irán, que inspira tanto miedo a sus vecinos regionales, depende de poderes locales poco confiables, lo que lo torna insustentable. Y eso sin tener en cuenta su vulnerabilidad a los ataques aéreos norteamericanos. Si bien el futuro del corredor terrestre de Irán depende de sus poderes amigos en el exterior, el futuro de la República Islámica depende de la capacidad de sus líderes de cumplir con sus promesas en casa. Pero, los líderes de Irán parecen estar poniendo a sus agentes en el exterior por encima de sus ciudadanos. A pesar del fracaso del acuerdo nuclear de 2015 a la hora de satisfacer las altas expectativas económicas de los iraníes, las autoridades siguen invirtiendo miles de millones de dólares en grupos como Hizbulah, Hamas en Palestina y los hutíes en Yemen. Irán ha gastado cerca de $ 10.000 millones solo en Siria para defender a Bashar al-Asad. La resultante presión fiscal ha obligado a Irán a recortar algunos de los abundantes subsidios que durante mucho tiempo han apuntalado el respaldo popular del régimen. Las protestas de jóvenes, principalmente de clase trabajadora, contra las profundas reducciones de los subsidios a alimentos y combustibles rápidamente se convirtieron en manifestaciones contra la teocracia de Irán. Tres generaciones es mucho tiempo para que sobreviva cualquier utopía revolucionaria, ya sea la República Islámica de Irán o la Unión Soviética. Los ciudadanos cada vez se sienten más desconectados -y hasta escépticos- de la causa original. Esto es absolutamente válido hoy, cuando la tecnología digital ha profundizado la división generacional. En los años 1980, frente a un ataque brutal del Irak de Sadam Huseín, los iraníes se manifestaron detrás del régimen para garantizar la supervivencia del país. Hoy no se someterán a penurias similares en nombre de mantener avanzadas en Siria y Yemen, o un corredor terrestre al Mediterráneo. El interés de Irán en evitar una guerra sin cuartel debería ser una buena noticia para sus enemigos, que no están en una posición particularmente fuerte para manejar más enredos militares en el exterior. Irán puede ser un estorbo en Oriente Medio, pero no un poder hegemónico. Decir lo contrario, torna más factible un conflicto horriblemente sangriento, destructivo y desestabilizador, que todas las partes pretenden evitar.

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