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Ingenuidad de Zapatero

12 feb 2018 / 00:00

    Toda ingenuidad es peligrosa. Parte de generalizaciones sobre las intenciones de los seres humanos que los convierten en caricatura con membrete. Naturalmente, hay ingenuidades más peligrosas que otras. Es el caso del Sr. Rodríguez Zapatero, expresidente del gobierno español y mediador en el terrible drama que vive Venezuela. Fiel probablemente a sus principios de político de izquierda y buscador a tiempo completo del “buen salvaje” en América Latina, como en su tiempo lo fueron Sartre y Debray con respecto a la Cuba castrista o Ignacio Ramonet con Chávez. El Sr. Zapatero recuerda al personaje de Graham Greene, Pyle, que en nombre de la democracia suministraba bombas a grupos terroristas que mataban a niños y mujeres inocentes. “Era joven e ignorante y tonto, y se metió en lo que no debía. Tenía tan poca idea como cualquiera de Uds. de lo que pasa aquí en realidad... Cuando veía un cadáver, ni siquiera era capaz de distinguir las heridas”.

    Con el mayor descaro, el Sr. Zapatero se ha puesto al servicio del gobierno de Maduro, dando un voto de confianza a nivel internacional, a un régimen que miente descaradamente, persigue a su propia población, crea una crisis humanitaria sin precedentes en América Latina; mientras el Parlamento Europeo amplía las sanciones contra Maduro y sus seguidores y la Corte Penal Internacional abre una investigación sobre los actos criminales del madurismo.

    El Sr. Zapatero no es consciente de la tragedia que viven los venezolanos. Confunde deliberadamente cuando dice que la comunidad internacional ha impuesto sanciones contra Venezuela, cuando lo que ha hecho es tratar de frenar a los responsables de las violaciones a los derechos humanos, a la hambruna, a la escasez de medicinas y a la desesperación de la gente.

    De “marioneta en manos de Maduro” lo ha calificado Luis Ayllón en su columna de opinión en el ABC de Madrid, por sus gestiones a favor del régimen dictatorial con el Parlamento Europeo. Tanto, que ha terminado por adoptar, como dice el editorial de El País, “el lenguaje y los lemas del régimen”.

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