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Incertidumbres
y sombras

15 abr 2018 / 00:00

    Los acontecimientos criminales del jueves 12 provocados por la mafia de las ex-FARC, nos enseñan cómo se desarrolla una guerra de cuarta generación, o guerra sucia y sin restricciones. El Estado ecuatoriano se enfrenta a una alianza de grupos criminales conformada por narcotraficantes y FARCrim, que pelean por lucrar de economías ilegales recurriendo a la violencia, través del estallido de carros bombas, secuestro, asesinato, chantaje, extorsión, etc.

    Esta trágica primera experiencia nos ha hecho vivir durante 18 días en una situación de incertidumbre colectiva por el lamentable desenlace del secuestro de los tres miembros del equipo periodístico de El Comercio y por el errático comportamiento comunicacional del vocero gubernamental; pero también nos ha permitido ver las sombras con relación al tratamiento del Estado al problema fronterizo en su integralidad. Por no ser una guerra convencional, no puede basar su estrategia predominantemente en el factor militar (FF. AA.); es importante la presencia de los componentes policial y de inteligencia estratégica, policial, financiera y criminal; y se debe complementar con negociadores y diplomáticos, por tratarse de crimen organizado transnacional, que aprovecha ilegalmente otro territorio soberano. Así también, no solo es necesaria una presencia militar-policial del Estado ecuatoriano en la línea de frontera, sino que es imprescindible su presencia institucional permanente a través de sus diversos organismos y servicios para atender a las poblaciones afectadas por desplazamientos, retención o restricciones a la movilidad. Priorizar la seguridad rural a través del despliegue de sus capacidades institucionales, porque es la zona de refugio de Guacho y sus disidentes.

    Finalmente, como Estado-Nación debemos integrarnos más, el enfrentamiento de este conflicto fronterizo va a tomar algún tiempo. Debimos habernos preparado desde que comenzamos a recibir los grandes flujos de desplazados y refugiados en la década de los 90; y recordar que en la narcoeconomía regional siempre hemos sido una importante área de transbordo de narcóticos y santuario logístico.

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