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Guayaquil y el Becerra

23 feb 2018 / 00:01

    Soy sobrina nieta de José María Estrada Coello. A muchos este nombre no les dice nada, pero mi hermana y yo crecimos honrando su memoria. Escuchábamos a mamá repetir hasta el cansancio, cómo la ciudad abrió sus puertas a este ilustre hijo de Babahoyo. Rodolfo Pérez Pimentel comienza la descripción del tío abuelo así: “Un hospital es algo más que el edificio y sus jardines, es un ente vivo que respira y vibra a cada instante; a veces es obra de un solo hombre, en otras nace al impulso de un grupo. El hospital de niños León Becerra de Guayaquil tuvo su ángel en ciencias y caridad, ese fue el Dr. José María Estrada Coello, caballero trigueño, de rasgos finos, ojos negros, cabello y bigotes blancos, contextura delgada, de trato severo, de pocas palabras, no era demostrativo; íntegro, pulcro y muy afectuoso en casa”. En 1919, lo eligieron vicepresidente de la Sociedad Protectora de la Infancia y durante el resto de su vida dirigió al hospital León Becerra.

    Pero esta columna no es sobre él, sino sobre lo que una ciudad, gracias a las donaciones que hicieron y hacen sus ciudadanos -como la señora Inés Chambers, en el caso del Becerra, y como miles de guayaquileños que optaron por la filantropía-, logra para solucionar los problemas más sentidos. Sin esos ciudadanos Guayaquil no fuese Guayaquil. Por eso nos llama la atención que el Gobierno nacional en lugar de premiar el esfuerzo de quienes hoy hacen el Becerra, cicatee el pago justo de sus haberes.

    Spurrier ponía en un artículo que en 2007 Quito constituía el 22,5 % de la economía nacional, más que Guayaquil, con 21,7 %, y así ha sido desde finales del siglo XX. Por eso me emocionó leer el titular de que Guayas se afianzaba desde 2016 como la primera potencia económica. El artículo refiere a un reciente reporte del Banco Central que analizando el nivel de producción de las 24 provincias, menciona que en el 2016, la época más dura de la recesión económica, Guayas crecía en un 0,45 % y la provincia siguiente decrecía en un 2,2 % en su nivel de producción. Doble fastidio entonces. Se castiga la filantropía a pesar del esfuerzo de sus ciudadanos en hacer crecer al país.

    Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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