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Fondo y forma

19 jun 2017 / 00:01

    Un mes es poco tiempo para analizar el desempeño de un gobierno, menos aún para realizar predicciones sobre su éxito o fracaso, y peor, si el gobernante concluirá o no su mandato.

    Lo destacable es que a partir de la segunda semana de gobierno, el presidente Lenín Moreno está tomando distancia del estilo prepotente, déspota y abusivo, propio del correato. Ejemplo de aquello lo constituye el voto de confianza presidencial al declarar públicamente que su seguridad continuará a cargo de las FF. AA., pese a la vigencia del Código Orgánico de Entidades de Seguridad Ciudadana, deplorable herencia caprichosa del correato.

    El inicio aparente de la lucha contra la corrupción se constituye en una luz de esperanza por estrenar justicia, la cual será palpable cuando caigan los “peces gordos”, paguen sus penas y devuelvan el producto de su enriquecimiento espontáneo, gracias a la metida de mano a los dineros del Estado, que no es otra cosa que el dinero del pueblo.

    Lo descrito anteriormente nos lleva a preguntarnos si el socialismo del siglo XXI, tan cacareado por Correa, Chávez, Maduro y los Kirchner ¿es un modelo político ideológico, o la franquicia castrista para que “caudillos”, simulando ser democráticos, gobiernen bajo un sistema dictatorial parlamentario que les asegure permanencia en el poder e impunidad? Así lo han palpado, en la práctica, los pueblos argentino, cubano, venezolano y ecuatoriano en este primer cuarto de siglo.

    Los ecuatorianos dejamos en claro que exigimos un cambio de estilo y modelo de gobierno, y así parece haberlo entendido el actual mandatario quien, aparentemente, demuestra coherencia entre los ofrecimientos de campaña y su accionar como gobernante. Los que al parecer no han captado el mensaje, son los asambleístas de AP, leales al caudillo, quienes continúan con el modelo del correato, alejándose de la voluntad popular y del actual mandatario.

    Por lo expresado, el mandante debe exigir a dichos asambleístas alinearse con la voluntad popular, con el cambio de estilo de gobierno, en su fondo y forma, o mandarlos a su casa.

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