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Final Five

02 feb 2018 / 00:01

    Verlas volar sin caer era suficiente para atraparse en su magia. Simone Biles, Gabby Douglas, Laurie Hernández, Madison Kocian y Aly Raisman. Sentí envidia por su país: quisiera que tal determinación y perfección representaran mi bandera. Por eso descubrir los abusos sexuales de Larry Nassar al equipo es un punto de no retorno. El reconocido doctor de la Federación se aprovechaba de su puesto para abusar a niñas que salían confundidas y avergonzadas de su revisión médica. La jueza Aquilina hizo historia. No solo por cómo llevó el caso; no solo porque dio a las sobrevivientes la oportunidad de alzar su voz; no solo porque en ningún momento trasladó la culpa a las gimnastas, sino por el peso de sus palabras: “Y quiero que sepa que, así como fue mi honor y privilegio escucharlas, es mi honor y privilegio sentenciarlo. Usted no merece poner un pie fuera de la cárcel mientras viva”. A partir de este caso he concluido: (i) Ante la humillación pública o posibilidad de desestabilización, las instituciones buscan defenderse. Protegerán a los suyos. Especialmente si la persona involucrada goza de una situación de poder. Por lo que es necesario que una fuente externa (en este caso el poder Judicial) se encargue de su investigación y condena. Lo que suena lógico, no necesariamente lo es. La Iglesia católica prevé que delitos cometidos por sus religiosos (entre ellos el abuso sexual) sean procesados por la Santa Sede. Lo que los protege ante la ley civil. (ii) ¿Era necesario mediatizar el caso? Sí lo creo. Es evidente que, si esta situación le ocurrió al “top”, al oro del deporte, nadie está a salvo. El precedente de que no hay impunidad es esencial para que la valentía exista. (iii) Qué importante es la justicia. A pesar de lo doloroso que resultó revivir los sucesos, exponer la verdad las convirtió de víctimas silenciosas a mujeres admiradas. Y eso es lo que necesitan. No el silencio procesal que monseñor Scicluna, fiscal de el Vaticano defiende para “proteger la buena fama de los involucrados”. “Dejen su dolor aquí y salgan y hagan sus cosas magníficas allá afuera”, les dijo la jueza. Ellas ahora, más que nunca, pueden. La pregunta es cuántas personas no.

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