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En la mira

14 feb 2018 / 00:00

    Me inicié en la vida cívico-política del país allá por 1955 y desde esa fecha, he sido un entusiasta espectador y partícipe de los avatares del Ecuador, que han sido permanentemente fuente de gran interés y preocupación.

    El presidente de la República, demostrando un elevado espíritu cívico y el deseo fehaciente de mejorar las condiciones de vida de nuestra patria, nos convenció de que tiene los mejores deseos para hacerlo, en virtud de lo cual puso a nuestra disposición una consulta y referéndum donde de manera aplastante triunfa el Sí en todas las preguntas, dejando por los suelos al tsunami socialista del siglo XXI y a aquel que por muy poco desintegra la nación.

    Tengo mucha vergüenza de nuestro servicio diplomático, que fue enaltecido por décadas; y aunque mi memoria es frágil, no puedo dejar de recordar a Carlos Tobar Zaldumbide, Luis Valencia Rodríguez, Julio Prado Vallejo, José Ayala Lasso, Alfonso Barrera Valverde y Antonio Parra Gil, entre otros, que honraron brillantemente la cartera de Relaciones Exteriores por ser muy versados en geopolítica y diplomacia.

    Esa trayectoria fue decapitada en el 2007, cuando ingresaron algunos funcionarios sin capacidad ni experiencia en el manejo del servicio exterior, violentando normas y procedimientos, y lo que es más grave, politizando nuestro servicio consular, que como lo mencionó el embajador actual en Estados Unidos, requerirá una razia que limpie todo el componente político que lo ha desprestigiado, al utilizárselo indebidamente en actividades electoreras.

    Liquidemos el combo dictatorial de la ALBA y procedamos a enviar a los foros internacionales, representantes genuinos de nuestro Ecuador, que en lugar de aplaudir la actitud miserable y opresora de ciertos políticos del continente, expresen con firmeza un total rechazo a tantas iniquidades, ofensas y maltratos que reciben aquellos hermanos de Cuba, Venezuela, Bolivia, etc.

    Es el momento de cambiar de canciller y ubicar en tan importante cargo a alguien con formación diplomática y vastos conocimientos geopolíticos, que honre y dignifique dicho cargo.

    Y sigo andando...

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