domingo, 20 agosto 2017
18:35
h. Última Actualización

El “trabajo de mujeres” vale

11 ago 2017 / 00:00

En los próximos meses, los 12.000 empleados de la sede de Apple en Cupertino (California) terminarán de mudarse a un extravagante nuevo campus de 260.000 metros cuadrados. En el lugar habrá un salón de yoga de dos pisos, senderos para correr y unas revolucionarias cajas de pizza que la mantienen crocante. Pero le falta algo: no tiene guardería. Apple no está sola en esto de ignorar la importancia del cuidado de los niños para los padres que trabajan. Y esta omisión dificulta enormemente a los padres (sobre todo a las mujeres) alcanzar su pleno potencial económico. En todo el mundo, las mujeres hacen el doble de trabajo doméstico y de cuidado personal no remunerado (como criar hijos, cuidar a familiares enfermos o ancianos y llevar la casa) que los hombres. En México, India y Turquía, la diferencia asciende al triple. Esta “disparidad doméstica de género” limita las opciones de las mujeres, ya que les dificulta acceder a educación formal, conseguir buenos empleos y obtener sueldos iguales a los de los hombres. A pesar de que las mujeres en todo el mundo trabajan más que los hombres (sumando el trabajo pago y el gratuito), ganan en promedio tres cuartas partes, ocupan solo uno de cada cuatro puestos ejecutivos en el sector privado y menos de un cuarto de todos los escaños en los parlamentos nacionales. Solo la mitad de las mujeres en edad de trabajar en todo el mundo están integradas a la fuerza laboral remunerada, contra más de tres cuartas partes de los hombres. De a poco esta situación está cambiando. El trabajo doméstico y de cuidado personal no remunerado comienza a librarse de la reputación de ser “trabajo de mujeres”. En 2015, los Estados miembros de las Naciones Unidas adoptaron los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que piden se reconozca, reduzca y redistribuya el trabajo de cuidado personal no remunerado. ¿Qué puede hacerse para alcanzar este objetivo? La responsabilidad será ante todo de los gobiernos. Hay empresas o asociaciones vecinales que ofrecen servicios de cuidado infantil a los padres que trabajan, pero los costos y la calidad son muy variados. Se necesitan acciones públicas para garantizar que esos servicios cubran a todos los que los necesiten (niños en edad preescolar, enfermos, discapacitados, personas mayores) y que sean universalmente accesibles y asequibles. Es necesario que los gobiernos regulen la oferta de programas de licencia parental y familiar, y que provean, junto con las empresas privadas, incentivos monetarios para que hombres y mujeres compartan más equitativamente el trabajo doméstico y de cuidado personal. Esas políticas son aplicables en cualquier lugar. El gasto en el sector del cuidado personal debe verse como inversión, no como costo. Un estudio reciente realizado en Turquía muestra que la inversión pública en este sector puede crear 2,5 veces más empleos que la misma inversión en la industria de la construcción. Más de la mitad de esos puestos de trabajo, dignos y aptos para aumentar los ingresos y niveles de vida (sobre todo de familias pobres), serían ocupados por mujeres. El crecimiento y envejecimiento de las poblaciones acentuará la importancia del sector del cuidado personal. Los países que empiecen a adaptarse ahora a las nuevas circunstancias obtendrán una ventaja considerable.

TE RECOMENDAMOS
A LA CARTA