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El regreso incierto del petróleo

27 ene 2018 / 00:00

En tanto el crecimiento económico global se recupera prácticamente en todas partes, los productores de petróleo cada vez tienen más esperanzas de que el reciente rebote espectacular del precio continúe. Si esas esperanzas han de cumplirse, no solo los productores tendrán que controlar lo que pueden (manteniendo la disciplina de la producción); lo que está más allá de su control (la producción de esquisto y el valor del dólar) también tendrá que jugar a su favor. Hace poco más de tres años, el petróleo (WTI) se comercializaba por encima de los US$ 100 por barril. Pero a comienzos de 2016 se derrumbaron hasta llegar a unos US$ 30, debido a una combinación de demanda lenta, oferta alternativa (particularmente de petróleo y gas de esquisto de EE. UU.) y un nuevo paradigma de producción de la OPEP según el cual el cartel, liderado por Arabia Saudita, dejó de actuar como “productor regulador”. Luego del colapso resultante de las facturas por exportaciones y los ingresos presupuestarios, la OPEP adoptó una nueva estrategia basada en un acuerdo de producción modernizado con dos características fundamentales: mayor flexibilidad para los países que enfrentan condiciones internas especialmente complejas (como Libia) y la inclusión de productores no pertenecientes a la OPEP, particularmente Rusia. Juntos fijaron un piso desde el cual los precios del petróleo podrían rebotar. Con la recuperación del crecimiento global y el surgimiento de incertidumbres geopolíticas (que podrían limitar la producción en algunos países productores de petróleo), los precios del petróleo rebotaron por sobre los US$ 60 por barril. La fase actual de crecimiento global es particularmente buena para el precio del petróleo (y de otras materias primas), porque es sincronizada, real y, cada vez más, se autofortalece. Se ve potenciada por una recuperación simultánea en las economías sistémicamente importantes de Europa, Japón, EE. UU. y el mundo emergente. Y se basa en alzas duraderas de la actividad económica, y no solo en una ingeniería financiera. El brote de crecimiento global de hoy está empezando a generar un círculo virtuoso entre consumo, inversión y comercio. Y esa dinámica podría ganar más impulso, especialmente si las recientes medidas procrecimiento en EE. UU. y la recuperación endógena en Europa están apuntaladas por reformas estructurales, una gestión más equilibrada de la demanda y una mejor coordinación de las políticas internacionales. En verdad, los riesgos de una caída de los precios del petróleo han virado del lado de la demanda al lado de la oferta. Los miembros de la OPEP deberían poder mantener su disciplina de producción colectiva, suponiendo que exista la voluntad de hacerlo. Les puede resultar más difícil seguir controlando a los países que no conforman la OPEP. Pero, con negociaciones meditadas que incorporan conceptos de cambios radicales, esto también es posible. Existe el desafío planteado por una mayor producción de esquisto. Los productores de petróleo harían bien en tratar las alzas de los precios del petróleo como un beneficio inesperado temporario, no como una situación permanente o incluso como una tendencia que pueda intensificarse en el año por delante. Deberían resistir la tentación de utilizar sus mayores ingresos para un nuevo gasto recurrente y reforzar su disciplina colectiva.

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