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El pueblo en las calles

12 sep 2017 / 00:01

    En medio de la aparente normalidad de la vida nacional, no dejan de ser visibles las señales de una gran intranquilidad que, en los medios políticos y solo en ellos (el resto del pueblo está sumido en una gran apatía generada por una década de represión de las libertades), se pretende resolver, por paradoja, consultando al pueblo.

    La inquietud la estableció el propio presidente de la República, dejando asomar la posibilidad de recurrir a una consulta popular que, según se calcula, costaría entre cuarenta y cincuenta millones.

    Si pensara que la dichosa consulta resolvería los problemas la apoyaría pero, así como están las cosas me parece ineficiente y por tanto un despilfarro.

    Insisto en que la primera lucha es la que tiene que cumplirse contra la corrupción. Sancionados los corruptos lo demás vendrá por añadidura. Mientras tanto, la mejor respuesta a las inquietudes que podrían consultarse la puede dar, sin costo, el pueblo en las calles.

    En Esmeraldas, por ejemplo, debe salir el glorioso pueblo de Vargas Torres y de Carlos Concha a protestar para que no sigan depredando su provincia los dedicados a la minería clandestina o no, que la tiene agujereada por todas partes y ha contaminado sus otrora límpidos ríos. ¿Quiénes son los “mineros”? ¿Qué influencias poseen para seguir actuando con plena impunidad? ¿Por qué se tolera esa y otras formas de grosera corrupción? La respuesta tienen que dársela al pueblo cuando la exija en las calles.

    Por el estilo, largo sería el inventario, provincia a provincia, de los asuntos que podría resolver el pueblo en las calles sin necesidad de que se lo consulte formalmente sobre temas que jamás tendrían la trascendencia requerida puesto que esos no pueden resolverse por consulta, requieren una Asamblea Constituyente, única vía para poder desmontar la maquinaria de impunidad que dejó constituida la década pasada.

    Así, el próximo día 20 tiene el pueblo una oportunidad de salir a las calles a exigir un combate serio a la corrupción, que supere las palabras y se sustente en la convincente elocuencia de los hechos. Lo demás es puro entretenimiento.

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