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El mayor desafío para África

10 ago 2017 / 00:00

África tiene la población más joven del mundo y está creciendo a toda prisa. Se prevé que en 2055 los jóvenes del continente (aquellos con edades entre 15 y 24) serán más del doble de los 226 millones de 2015. Pero sigue siendo un lugar pertinazmente inhóspito (en lo político, lo económico y lo social) para la gente joven. De que los gobiernos africanos sepan resolver esta cuestión depende la trayectoria del continente (prosperidad o penuria) en las décadas que vendrán. Seguir el rumbo actual supone riesgo de mal desempeño económico, fuga de cerebros, y también criminalidad, agitación política y social, e incluso conflicto armado. Pero África puede prosperar, si los gobiernos actúan ahora para aprovechar la energía y el dinamismo de la cada vez más numerosa población joven. Para ello se necesita una agenda política integral que incluya medidas demográficamente fundadas para resolver los problemas de exclusión política, cultural y económica en forma sincronizada. No será tarea fácil, sobre todo porque entre las dirigencias y los jóvenes de África hay una brecha etaria enorme, la mayor del mundo. En muchos países prevalece una tradición de gerontocracia que restringe por motivos culturales la influencia y participación política de los jóvenes. Para superar este obstáculo, los gobiernos deberían asignar a la desigualdad generacional la misma urgencia con que tratan otras formas de inequidad, y promover la introducción de cuotas juveniles en partidos políticos, parlamentos y otras instituciones decisorias. También hay mucho que hacer en el frente económico. Según el Banco Africano de Desarrollo, en 2015 ingresaron a la fuerza laboral africana 12 millones de jóvenes, pero solo se crearon 3,1 millones de empleos. Es decir que millones de jóvenes quedaron excluidos de participar en la economía. A corto y mediano plazo será casi imposible crear empleos suficientes para satisfacer las necesidades de los desempleados y de los trabajadores precarizados. La visión africana de integración económica planteada en la Agenda 2063 de la Unión Africana no será posible si los jóvenes africanos no pueden migrar para forjarse carreras profesionales. Es elocuente que tantos africanos estén dispuestos a correr el riesgo de ahogarse en el Mediterráneo, quedar alojados en centros de detención espantosos en el norte de África o dormir en parques públicos en alguna ciudad europea, antes que quedarse en África. Pero contra lo que suele creerse, los jóvenes no emigran de África solo por razones económicas, sino que los motiva la promesa de tener oportunidades de auténtica superación personal y libertad para ser quienes quieran ser y vivir como quieran vivir. La inercia está llevando a África hacia un futuro de oportunidades perdidas y, tal vez, grave inestabilidad. El deseo de superación personal por medio de la emigración es un elemento clave de la historia de la humanidad, al que ningún desierto, mar u obstáculo artificial han podido frenar. La exclusión política y cultural lo intensifica. Por eso, toda estrategia que no tenga en cuenta el entorno más general de marginación será vana. Pero quedan motivos de esperanza. Los jóvenes africanos serán este año el tema central de la quinta Cumbre de la Unión Europea y África. Y la consigna de la Unión Africana para 2017 es “aprovechar el dividendo demográfico mediante la inversión en la juventud”. Ojalá el creciente reconocimiento de la necesidad de crear oportunidades para los jóvenes lleve a iniciativas eficaces y solidarias.

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