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El destape y la batuta

13 feb 2018 / 00:00

    La Transición es como se conoce al proceso posterior a la muerte del general Francisco Franco, ocurrida en noviembre de 1975, tras 36 años de gobierno firme y autoritario. Franco sin duda salvó a España de la amenaza socialista en 1939, pero le ocurrió como a casi todos los autoritarios, que se autoconvencen de que son los únicos que pueden mantener a flote a sus países, y que para ello es indispensable perennizarse en el poder. Sin ellos a la cabeza se puede perder lo alcanzado. Se puede destruir, a pretexto de democracia, aquello por lo que se peleó, y claro, las formas son solo detalles. Las justificaciones son muchas, y en el caso de Franco, por lo general se esgrimía el respeto a la memoria de los muertos nacionalistas en la Guerra Civil.

    Una de las características de la Transición fue “el destape”, esa actitud que invadió el todo español, desde las artes hasta la libre expresión; donde la pretensión era liberarse de la represión de más de 3 décadas.

    Fue también una característica de la época la sensación de ausencia de cabeza, de dirección, de omnipresencia. Ese mismo sentimiento se experimentó a fines de los ochenta tras el glásnost soviético, y en la era pos-Pinochet.

    Ya esa etapa de destape la vivió Ecuador desde mayo pasado hasta ahora, pero nos está ocurriendo un fenómeno peligroso: no se está llenando el espacio de liderazgo y dirección que requieren sectores como el económico. ¿Quién lidera el frente económico? ¿Cuál es la agenda que se tiene y quiénes son sus ejecutores? ¿Cuáles serán los motores de la economía y qué se espera de cada sector?

    Existen esfuerzos aislados, desarticulados, contradictorios y desordenados de varias personas, que quizá tengan la mejor voluntad. El frente económico parece una orquesta donde a lo lejos suena un violín, por ahí una trompeta, alguien toca un tambor, pero a nadie se ve con la batuta.

    Ya es tiempo de ir arreglando la partitura porque los problemas del país son serios y cuanto más se espere encararlos, la solución será más dura. Ya hay que parar la diversión y el festejo del destape, y que su señoría o alguien vaya tomando la batuta.

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