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Economía intrascendente

17 sep 2017 / 00:01

    Cuando en la universidad a inicios de los sesenta comencé a estudiar publicaciones internacionales sobre la historia económica de América Latina, me llamó la atención que en los cuadros comparativos de variables económicas Ecuador estaba dentro de Otros; individualmente solo Brasil, Argentina, Méjico, Venezuela y Chile. Comprendí rápidamente que era por ser la economía ecuatoriana muy pequeña e intrascendente. Medio siglo después, sigue siendo intrascendente. Hoy, cuando diversas instituciones internacionales editan estudios sobre la respectiva región, en la mayoría Ecuador no aparece.

    A fines de los setenta gradualmente empezaron a publicarse indicadores-país: libertad económica, globalización, competitividad, hacer negocios, gobernabilidad, etc. En estos estudios Ecuador sí es tomado en cuenta, pero por su pobre desempeño; el lector se entera anualmente de la pésima gestión política y empresarial. En los demás reportes por estar metido en el rubro Otros, la incapacidad de Ecuador para progresar se disimula. Pero cuando año tras año aparece ubicado en puesto 80 o peor en la mayoría de los indicadores-país, significa que hay muchísimas naciones delante de él. El anterior gobierno miraba los indicadores-país para sostener que eran hechos por el “imperio” y protestaba por la ubicación.

    Hace más de 20 años América Economía publicó su primer “ranking” de las 500 empresas más grandes de América Latina. Ecuador aportó 3. Recientemente aumentó a 4, es evidencia de que algo muy malo pasa en esta república. Pero esto es mirado con resignación por los ecuatorianos e impasiblemente transcurren las décadas con desempeño económico mediocre, como habituados a vivir en un país que no tiene ninguna aspiración de estar entre las naciones de mayor progreso en todas las áreas; no se necesita ser grande en territorio y población para lograrlo. Más de 30 años atrás, Singapur dio el ejemplo; sin ir muy lejos, están Panamá y Costa Rica. Hay que tomar ejemplo de lo bueno, no de lo malo; de lo que hace hablar favorablemente del país, no lo contrario. No hay que culpar a otros de nuestros fracasos.

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