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El madrugar nunca les hizo daño a nuestros nadadores

16 feb 2017 / 00:02

El Himno Nacional del Ecuador sonaba en nuestro pequeño radio receptor a las 05:00. Después de ello, la potente voz de Olmedo Arroba Ditto sonaba fuerte para ordenar: “Son las cinco de la mañana, es hora de salir a comprar el pan y el periódico”.

Para nosotros, me refiero a Jorge y Mario, mis hijos, era la hora de iniciar el viaje a la piscina olímpica de Guayaquil. Vivíamos en la calle Colón y Lizardo García, y nos embarcábamos en un viejo Ford Coupe, al cual llamábamos cariñosamente ‘El Tiburón’. Recogíamos en Urdesa a Daniel Pinargote, y a Guillermo Morales (maravilloso entrenador) y su hijo ‘Picho’, cerca del estadio Capwell.

Llegábamos a la piscina a las 05:15 y nos abría la puerta el guardián Olmedo Guerrón, excarabinero que había peleado en el año 41’ en la guerra contra Perú.

Poco a poco iban llegando otros nadadores, que también encontraban a esa hora la comodidad para entrenar. Estaban los Orejuela, Peña, Fierro, Vivar, Baquerizo, Blum, Maldonado, Andrade, Franco, y por supuesto Mariuxi con el ingeniero León.

Había que calentar trotando alrededor de la piscina y sacando del agua las terribles y gigantescas cucarachas que entrenaban antes que los muchachos. Se nadaba entre 3.000 y 3.500 metros. Terminado el entrenamiento había que ir al colegio y, por supuesto, por la tarde, a las 18:00, se repetía una nueva sesión con otra distancia similar. Toda esta motivación familiar y deseos de tener una gran fuerza nadadora llevó a Ecuador a convertirse en una potencia en Sudamérica.

Varios Sudamericanos disfrutaron de la presencia exitosa de nuestros nadadores, lo cual culminó en 1976 en Punta del Este, Uruguay, donde Mariuxi Febres-Cordero y Jorge Delgado Panchana fueron declarados como los mejores nadadores de Sudamérica.

En el evento, la banda de músicos del Municipio de Maldonado tocó tantas veces el Himno del Ecuador (en 12 ocasiones, una por cada medalla de oro ganada), que ya no leían la partitura, se la sabían de memoria.

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