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Desprendimiento ¿para qué?

15 may 2018 / 00:00

    La sensación de duda sobre la limpieza de las elecciones de febrero del año pasado se atenuó con la sustitución presidencial. Aquel personaje de chocante prepotencia, exagerado protagonismo e irrespeto a sus opositores, fue reemplazado por un ciudadano que proclamó su disposición para el diálogo abierto y su rechazo a la confrontación.

    La generosidad ciudadana frente al mandatario electo fue la expresión de un ánimo colectivo que miró complacido la transición de un régimen de mayordomía a uno presidido por la cordura y el apaciguamiento. El escenario que sobrevenía parecía ser el inicio de un tramo de democratización, reinstitucionalización y radical cambio en las diversas áreas de la gobernabilidad. Pero, ¿qué ha ocurrido?, nos preguntamos, en este ejercicio de interpretación, en este intento por analizar la dinámica del poder.

    La tarea de devolver al país el republicanismo se centró, por parte del Ejecutivo, en la convicción de que más que los requerimientos de la sociedad en su conjunto pesaba, como referente, lo que ocurría al interior de las filas partidarias oficialistas, las disputas internas entre los grupos contendientes, el reacomodo de figuras con intereses propios o con oscuros antecedentes en el ejercicio de sus funciones. En esa línea, se convirtió en cotidiana la reiterada actitud de ponerse zancadillas, la implantación de operaciones de zapa u ocultamiento y, lo que es más criticable, las cínicas operaciones de protección con espera del pago de favores. Y en esa trama, en lugar de adoptar decisiones con justificativos válidos y convincentes, hemos observado una suma de superficiales medidas y de tomas de posición, no desde las conveniencias colectivas sino desde la precipitación de los acontecimientos.

    A estas alturas, las previsiones de hace un año chocan con una realidad que no termina por definir sus rumbos. Lo que se ve, de modo transparente, deviene de la decisión del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social Transitorio pero no obedece, de ninguna manera, a una estrategia en el manejo del Estado.

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