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Déjà vu de la burbuja inmobiliaria

17 mar 2017 / 00:02

La crisis financiera de 2008-2009 puso de manifiesto una seria debilidad en la arquitectura del sistema financiero mundial: un mercado de fondos a un día de plazo para valores respaldados por hipotecas sin la capacidad de manejar la implosión de una burbuja inmobiliaria. Aproximadamente nueve años después, aún no se ha abordado adecuadamente esa debilidad. Cuando estalló la crisis, las empresas e inversionistas en Estados Unidos prestaban el dinero en efectivo extra que tenían a bancos y a otras firmas financieras por una noche; estos préstamos, más sus respectivos intereses, se debían pagar a la mañana siguiente. Como el seguro de depósito bancario cubría solo hasta $100.000, aquellos que tenían millones de dólares para almacenar, frecuentemente, preferían este mercado a un día, utilizando como garantía los ultraseguros valores de deuda a largo plazo del Tesoro de EE. UU. Pero estos prestamistas a un día tenían la posibilidad de obtener tasas de interés aún más altas si tomaban como garantía una cartera menos segura compuesta por deudas hipotecarias, y eso es lo que muchos hicieron. Pronto, un candente mercado estadounidense de la vivienda operaba a sazón de un mercado de dinero de varios millones de millones de dólares. Mas en breve quedó en claro que las carteras de activos que sustentaban estas transacciones eran a menudo inestables: contenían, cada vez más, una mayor cantidad de hipotecas de baja calidad. Cuando llegó el 2009, las empresas estaban en estado de pánico. Rehuían la idea de almacenar su dinero en efectivo durante la noche con el respaldo de carteras hipotecarias. Esto dejó al sistema financiero, que había llegado a depender de ese dinero en efectivo, congelado. El flujo de préstamos se secó, el miedo se intensificó y la economía se sumergió en una recesión. Esa experiencia motivó esfuerzos para hacer que el sistema financiero sea más seguro: cerciorarse de que, con toda seguridad, se reembolsarán los dineros de los prestamistas que aceptan carteras de hipotecas como garantía, disuadiéndolos de esta manera de salir corriendo a la primera señal de problemas. Pero si se da el colapso simultáneo de múltiples compañías financieras, nadie tendría la seguridad de que sus dineros vayan a ser reembolsados. Si el sistema es lo suficientemente estable, se puede enfriar sin necesariamente tener que atravesar por catástrofes. En la actualidad, sin embargo, el mercado de repos a un día, cuyo volumen es de un millón de millones de dólares en hipotecas de viviendas es tan grande, que si el mercado de la vivienda retrocede la estabilidad financiera podría verse amenazada. En 2008, fue un error otorgar a las hipotecas de vivienda el mismo trato que a los bonos del Tesoro de EE. UU. y también es un error hoy. Lo que deberían hacer las autoridades estadounidenses es fortalecer las protecciones del mercado de dinero a un día para los bonos del Tesoro de EE. UU., los cuales no están sujetos a eventos de pánico y burbujas, y revertir la mayor parte de las ventajas legales de las que goza la financiación respaldada por hipotecas a corto plazo y a un día. La gestión de la deuda pública de EE. UU. también podría ayudar a que el sistema financiero sea más seguro. El mercado para carteras hipotecarias a un día existe, en parte, porque no hay suficiente disponibilidad de bonos a corto plazo del Tesoro de EE. UU. Si el Tesoro de EE. UU. vendiera más obligaciones a corto plazo -en vez de vender una mayor cantidad de bonos a más largo plazo- un menor número de prestamistas recurriría a las carteras hipotecarias. Tales propuestas existen, pero ninguna ha sido implementada.

Project Syndicate

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