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Debate sobre los

22 ene 2017 / 00:01

    Las encuestas de adhesión de votos realizadas hasta la fecha resaltan la existencia entre el 30 al 40 % de la población electora indecisa con relación a los candidatos presidenciables a menos de un mes de las elecciones del 19 de febrero. Al respecto, estos discutibles datos nos llevan a debatir sobre los niveles de desaciertos de los sondeos, la metodología aplicada en la composición de la muestra representativa y a tener en cuenta de forma objetiva los cambios que se han producido en el escenario-país en estas dos décadas del siglo. También a tener presente como antecedentes: 1.- Los erráticos resultados que arrojaron los sondeos electorales en Ecuador, que los hacían poco confiables, por ejemplo anunciando triunfos de los candidatos Borja, Noboa o Nebot, que salieron derrotados. 2.- El año próximo pasado, a nivel mundial, fracasaron estruendosamente tres encuestas, con el triunfo del “brexit” en Reino Unido, la victoria de Trump y el éxito del “No, a los acuerdos de paz” en Colombia. 3.- El desconocer, o no tener en cuenta los cambios y transformaciones e impactos, que conllevan riesgos e imprevistos, y que han acaecidos en estas últimas décadas, como la globalización neoliberal, las crisis económicas, la influencia de las redes sociales, el incremento de la desigualdad, las vulnerabilidades de los pobres, la polarización social y el aumento de problemas ambientales y antrópicos. O una elevada población rural nacional y su distribución territorial.

    A nuestro criterio, la categoría “indecisos” es un colectivo que engloba a una serie de sujetos sociales y comportamientos políticos a descomponer en: los que no deciden aún por quién votar, que son pragmáticos y no desperdician el voto en un perdedor; los que verdaderamente todavía no están decididos porque no se han tomado el tiempo para informarse de los candidatos y sus propuestas; los decepcionados de “lo político” y los políticos, que generalmente acaban anulando sus votos; los jóvenes influenciados por las redes sociales y sus mensajes anómicos; o el elector vergonzante.

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