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De tumbo en tumbo

18 ene 2018 / 00:00

    En la semana anterior dos hechos sin aparente conexión nos llamaron a pensar sobre el manejo cultural en nuestro país: la clausura de la obra El santo prepucio y el traslado a Quito de bienes del fondo del Museo Antropológico y de Arte Contemporáneo, MAAC, de Guayaquil.

    Sobre el primer caso, es indiscutible que cualquier ciudadano que considere que se están afectando sus principios, políticos o religiosos, debe tener la libertad de expresarse, más allá de concordar o no con sus visiones o maneras de entender el mundo. El problema se da cuando se pretende (y consigue) imponer esas visiones a los demás. Resulta curioso que finalmente se haya autorizado a presentar nuevamente la obra, luego de que desde la Municipalidad de Samborondón se hubiera “verificado” que no afectaba a ninguna sensibilidad religiosa, arrogándose, de esa manera, el papel de censor supremo sobre lo que es aceptable o no de acuerdo a no se sabe qué tipo de criterios o fundamentos legales.

    Sobre lo segundo, ante el despojo de bienes del fondo del MAAC, y por tanto patrimonio de la ciudad (hecho que se suma al abandono y falta de rumbo de este espacio cultural), Ivette Celi, subsecretaria de Memoria Social del Ministerio de Cultura y Patrimonio, declaró que el museo “es noticia cuando tiene problemas, pero nunca cuando ha estado bien y son las mismas personas de siempre, con todo respeto y todo el cariño, pero no es un lugar donde la gente se involucre con los procesos culturales”. Llama la atención no solo la arrogancia de la funcionaria, sino sobre todo el desconocer que ha sido precisamente Guayaquil el centro del escenario de propuesta y debate del arte contemporáneo nacional. Acertadas las declaraciones del alcalde de Guayaquil, sin embargo es necesario que vaya más allá y que la Municipalidad asuma la competencia de esos espacios dentro de un plan cultural integral de la ciudad.

    El Ministerio de Cultura y Patrimonio, por su parte, sigue de tumbo en tumbo desde su instauración, sin lograr definir políticas claras y con visiones centralistas que tanto daño han hecho a la cultura del país.

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