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De 10 años a 10 días

06 dic 2017 / 00:00

    Lo ofrecido es deuda. En mi último artículo ya anuncié el tema cuando me dediqué a comentar sobre la tendencia tercermundista de copiar todo lo gringo, al referirme al llamado Viernes Negro. Y claro, había que tomarse ese plazo (no tan fatal como el que dejó sin poder a la Corte Constitucional en cuanto a su derecho a emitir un dictamen sobre la consulta popular) para que el expresidente Rafico cumpliera con el cometido que lo trajo desde Bruselas de vuelta al país que gobernó con su original y tan vertical manera, por el lapso de diez días, que también es una “década”, pero a la que no se la puede calificar como de “ganada”.

    Y es que en ese lapso los resultados no le fueron precisamente favorables al ilustre visitante. En primer lugar, Alianza PAIS, su hoy dividido partido, no fue aceptado como legítimo por el Consejo Nacional Electoral que, por el contrario, les dio a los morenistas ese derecho. Y, sobre todo, el mismo CNE aceptó la convocatoria a la consulta popular presentada por Lenín, fijando incluso la fecha de su realización, el 4 de febrero del 2018, que ya mismo se nos viene encima, luego de las tradicionales fiestas de Papá Noel y del Año Nuevo.

    No pudo, pues, el inventor y líder de la Revolución Ciudadana dejar sin efecto la pregunta que más le interesaba de dicha consulta y que era la referente a la “reelección indefinida”, que estaba vigente luego de que la Constitución de Montecristi aceptara la correspondiente enmienda, entre otras tantas que, al parecer, también van a ser eliminadas (con otras consultas) aprovechando que ya no funciona a su antojo la llamada “aplanadora legislativa”. Así, pues, casi con la total seguridad de que el ya resuelto llamado a esta suerte de referéndum -que invoca en latín lo de “vox populi vox dei”- va a resultar victorioso cuando el pueblo ecuatoriano acuda a las urnas antes de las celebraciones del carnaval y la Semana Santa, la postulación de Correa para el 2021 se vuelve imposible. O sea, una suerte de “ilusión perdida”, para usar un lenguaje bolerista o tanguero.

    Solo le queda a Rafico, entonces, dedicarse a escribir sus memorias, que de seguro contarán con un curioso público lector. O intentar postularse a la secretaría de la OEA o de la ONU.

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