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Verano interminable en ciudades asiáticas

16 sep 2017 / 00:01

Tras meses de temperaturas abrasadoras, comenzó la estación de monzones en Asia. Pero el calor extremo regresará, con condiciones particularmente brutales. Las áreas urbanas de Asia ya experimentan el doble de días calurosos que las rurales, y es posible que en 2100 la diferencia sea de diez a uno. A partir de entonces no habrá modo de revertir la tendencia. La primera evaluación detallada del riesgo climático para Asia, realizada por el Banco Asiático de Desarrollo y el Instituto de Investigación del Impacto Climático en Potsdam, deja claro que en la lucha contra el cambio climático las ciudades asiáticas están en primera línea. En las áreas urbanas se cruzan muchas de las consecuencias del calentamiento del planeta: fenómenos meteorológicos más extremos, aumento del nivel del mar, migración ambiental y agravamiento de tensiones sociales. En Asia las ciudades albergan a más de la mitad de la población y casi el 80 % de la producción económica. Es posible que en 2050 su población urbana haya crecido a casi el doble, a tres mil millones de personas. De no tomarse medidas adicionales para mitigar el cambio climático, estas ciudades tal vez contribuirán a más de la mitad del aumento de la emisión mundial de gases de efecto invernadero en los próximos veinte años. Lo que suele denominarse “business as usual” (seguir como siempre) es precisamente lo que será impedido por las consecuencias del cambio climático: no poner freno al calentamiento obstaculizará, e incluso revertirá, el progreso económico reciente de Asia. Cuanto más demoremos en enfrentar el desafío climático, más devastadora será la disrupción. Y es posible que suceda sin aviso, porque los efectos climáticos no suelen evolucionar linealmente, sino que se manifiestan de pronto y en todo su poder una vez alcanzados ciertos puntos de inflexión. Para mejorar la planificación urbana y los servicios sanitarios, necesitamos un modo sencillo y preciso de evaluar los niveles actuales y futuros de tolerancia al calor en las poblaciones urbanas; y estrategias para disminuir el estrés térmico urbano, entre ellas la adopción de configuraciones urbanas policéntricas, donde las economías y sociedades se basen en una multitud de centros regionales en vez de estar concentradas en torno de una sola ciudad; y que se mantengan los activos naturales por medio de corredores ecológicos y espacios verdes conectados. También habrá un aumento de intensidad y frecuencia de fenómenos meteorológicos extremos, de sequías a inundaciones. Todo esto se agravará por el aumento de nivel del mar, que a fines del siglo puede llegar a superar por 1,4 metros el actual y restar a muchos países más del 10 % de su superficie terrestre. Si seguimos como hasta ahora solo un par de decenios más, corremos riesgo de iniciar un proceso de elevación de los mares que durará siglos, incluso si después cesáramos todas las emisiones de gases de efecto invernadero. Las consecuencias serían graduales, pero implacables. En los países expuestos a inundaciones, los esquemas de planificación urbana deben combinar la infraestructura “gris” (por ejemplo, sistemas de drenaje, diques y malecones) con medidas “verdes”, como la conservación de humedales y bosques. También sería de gran ayuda mejorar los sistemas de observación meteorológica y alerta temprana.

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