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Catástrofe sanitaria 4

24 ene 2018 / 00:00

    Jamás pensé que la salud pública, siendo un intangible, podía ser asesinada; sin embargo, ha resultado evidente que durante el tsunami socialista del siglo XXI, ciertos funcionarios arrasaron con los fondos públicos. Y en salud, tras una década de ausencia del ministerio respectivo, se asestó un golpe mortal al Instituto Nacional de Higiene y Medicina Tropical Dr. Leopoldo Izquieta Pérez (Inhmtlip), gracias al odio hacia Guayaquil y sus valores; daño catastrófico, salvo que alguien conocedor de la historia sanitaria del Ecuador pudiese repararlo.

    Resulta vergonzoso y causa rebeldía que aquellos que lo destruyeron no hayan tenido un minuto de clarividencia para entender lo que hacían, ya que sepultaron de un plumazo 80 años de trabajo laborioso, producción biológica de extraordinario valor y un “background” de investigación casi irremplazable.

    Es así que se acabó la producción de vacuna BCG liofilizada, vacuna DPT, DT y toxoide tetánico, que hoy como país petrolero, nos damos el lujo de importar.

    Se viene la época invernal y con ella la estación lluviosa, y los campesinos que en el agro son mordidos por serpientes, ya no pueden aplicarse el suero antiofídico polivalente ecuatoriano, que era elaborado gracias a un magnífico y completo serpentario que se construyó con la asesoría del Instituto Butantan de Sao Paulo, Brasil, en donde se elaboraba gracias a un hato caballar de excelente calidad, este biológico de gran utilidad y total efectividad.

    Ahora las personas mordidas por serpientes deben aplicarse suero antiofídico procedente de Costa Rica o de México, no garantizado del todo contra nuestra variedad de serpientes y es por eso, que por razones de seguridad, los pacientes en lugar de aplicarse una ampolla de las nuestras, se inyectan dos o tres y hasta más ampollas del suero foráneo.

    Los grandes investigadores de la época descubrieron en el Inhmtlip el Phlebotomus camposi, el Opistorchis guayaquilensis, entre otros vectores y parásitos, poniendo en evidencia la extraordinaria capacidad investigativa de nuestros profesionales ecuatorianos.

    Y sigo andando...

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