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Carnavalazo

09 feb 2018 / 00:00

    Carnaval es la última fiesta antes de entrar en cuaresma y cada cultura la celebra a su manera. Desde 1299 los venecianos se disfrazan con maravillosos vestuarios multicolores y máscaras asombrosas, para salir a caminar por sus bellísimas e históricas calles. Los venecianos dicen que es tan dura la vida diaria en esta ciudad que emergió de una laguna, a expensas de la subida o bajada de la marea, de los incendios, de las invasiones, que el desfilar por sus calles para carnaval compensa toda tristeza anterior. El convertirla en una ciudad mágica y surrealista se logra desde 1700, por eso los vestuarios callejeros son réplicas de esa época. A propósito, fue Napoleón Bonaparte el único invasor que prohibió el carnaval para evitar una conspiración.

    Hay otros lugares en el mundo con carnavales famosos. Por su desenfreno, Río lleva la delantera. En nuestro país, el de Guaranda está entre los más bellos del mundo.

    En cambio, el “Carnavalazo” es el golpe de Estado que dio Guillermo Rodríguez Lara, alias Bombita, en 1972, contra el quinto velasquismo, imponiendo el último gobierno militar “revolucionario y nacionalista”, e inaugurando el único cambio de la matriz productiva que hemos tenido, que es la actual dependencia del precio de petróleo.

    A pesar de que han pasado 46 años, no hemos aprendido ninguna lección. Nos gobierna una élite socialista sin visión, con incapacidad para conciliar y proponer temas comunes, despilfarradora del dinero de los impuestos del pueblo, sin propuesta económica y recurrentemente usuario del populismo como instrumento de poder.

    Los ecuatorianos debemos vivir este carnaval felices, a nuestra manera, pero con un ojo abierto, ya que las cosas no han cambiado con el triunfo del Sí. Hay alertas ciertas de que la pandilla nos quiere despojar de lo que se ha dicho contundentemente el 4F.

    Se equivoca quien piensa que la pandilla ya está destruida.

    Los hechos actuales nos están mandando una alerta roja y creo que vamos a tener que tomar en serio la advertencia, antes de que sea demasiado tarde, no sea que Rafael encuentre otro “Bombita”.

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