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Caiga quien caiga

11 oct 2017 / 00:00

    Esta frase popularizada por el actor mexicano Cantin-flas, ha sido últimamente utilizada en el argot político ecuatoriano para expresar que no habrá protección a quienes estén inmersos en actos de corrupción. Ante múltiples denuncias, ameritaría inventariarlas para no olvidarlas y responderle a la ciudadanía, que observa entre la indignación y la repugnancia, a nuevos ricos exhibiendo bienes y dinero mal habidos.

    En el anterior periodo presidencial el país recibió los más cuantiosos ingresos de su historia, por el excepcional precio del petróleo y por haberse casi cuadruplicado los ingresos tributarios. Aquella holgura fiscal provocó un alegre derroche de recursos públicos. En obras calculadas inicialmente en costos inferiores se pagó finalmente valores muy superiores; se multiplicaron desplazamientos o paseos de funcionarios, abusando de viáticos, viajes al exterior en primera clase de aviones, sin un mínimo de austeridad y sin que importe la pobreza de buena parte de la población que vive sin servicios básicos.

    Se dictó orden de prisión al vicepresidente de la República, aquello parece la punta de una madeja de incorrecciones que hay que desenredar. Hay contrataciones y acciones administrativas donde la honestidad ha estado ausente; debe insistirse en identificar a quienes son parte de la red de atracos, incluyendo financistas y lavadores de activos. No pueden quedar en la impunidad los sobreprecios en obras como las refinerías de Esmeraldas y del Pacífico, donde se configura un típico delito de delincuencia organizada. Hay que transparentar las preventas de petróleo que suman miles de millones de dólares, los despilfarros en Yachay y la protección del Yasuní, la construcción de carreteras, como por ejemplo la “ruta viva” que conduce al aeropuerto de Quito, donde se afirma que vivísimos facturaron el precio más alto a nivel mundial por kilómetro de carretera; los atracos al IESS, contratos como Monteverde, hidroeléctricas, presas hídricas, trasvases, etc. Es tan voluminosa la sospecha de corruptelas que demanda una auditoría o apoyo internacional para conocer la verdad.

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