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Barreras comerciales no detendrán ascenso de China

11 jul 2018 / 00:01

Existe gran inquietud de que el proteccionismo del presidente estadounidense Donald Trump erosione los beneficios de largo plazo del comercio global, aunque también esperanzas, entre los partidarios de Trump de que con medidas duras se pueda evitar que China se convierta en el par tecnológico de EE. UU. Los temores al impacto del menor comercio global podrían sean exagerados, no así la esperanza de mantener a raya a China. El comercio ocurre porque los países cuentan con diferentes recursos nativos. Pero ese intercambio representa una parte menor del total comerciado, y seguirá siendo así. El comercio refleja además diferencias en costos de producción. Los países con menores costos producen bienes manufacturados con uso intensivo de mano de obra, utilizando maquinaria importada de países con alto costo de mano de obra. El efecto de esto en países desarrollados puede ser perjudicial para algunos trabajadores y bueno para las utilidades de las compañías. Y puede ser extremadamente beneficioso para cualquier país en desarrollo que fomente un equilibrio fértil entre inversión interna y emprendimiento local y use los beneficios de un crecimiento impulsado por exportaciones para invertir en infraestructura y formación. El notable éxito económico de China habría sido imposible sin las diferencias de costo de mano de obra. Pero ahora que sus salarios crecen con rapidez, su ventaja está reduciéndose a paso acelerado. La especialización y las economías de escala en manufactura, la investigación y desarrollo, y las marcas generan comercio entre países de riqueza equivalente. Las medidas de Trump suponen una importante amenaza de corto plazo al crecimiento global. Mas, a largo plazo, el comercio entre continentes de ingresos per cápita equivalentes es menos crucial para la prosperidad. El factor clave es lo grande que un área económica deba ser para generar economías de escala y cadenas de suministro integradas complejas, manteniendo al mismo tiempo una competencia intensa entre múltiples firmas. La economía de China, con 1,4 mil millones de personas, podría alcanzar casi todas las economías de escala, manteniendo una intensa competencia interna; en principio, India también podría; y EE. UU. y la UE. Más allá de cierto punto, los potenciales beneficios de un mayor comercio entre países de riqueza comparable inevitablemente se reducen. Lo que sí se perdería sin un comercio global -más sin flujos de inversión- sería la transferencia de conocimientos, tecnología y mejores prácticas. El despegue económico de China comenzó con el arbitraje de costos de mano de obra, pero se ha sostenido por una masiva transferencia de conocimientos. Un pequeño elemento fue producto de espionaje industrial, pero la gran mayoría fue automática, legal e inevitable. Ahora a EE. UU. le preocupa el creciente dominio tecnológico de China. Las empresas lamentan la pérdida de ingresos económicos por superioridad tecnológica y propiedad intelectual, y los halcones de seguridad nacional muestran inquietud sobre potenciales consecuencias geopolíticas de la menguante ventaja tecnológica de EE. UU.. Los aranceles a productos chinos son una respuesta a esas preocupaciones, así como los límites a las adquisiciones chinas de compañías estadounidenses de alta tecnología. Pero sencillamente es demasiado tarde.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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