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29 dic 2017 / 00:00

    Este año 2017 ha sido para el Ecuador de una agitada agenda política. Como recordaremos, empezó con la primera vuelta electoral, en la que los ciudadanos ejercieron presión sobre el CNE a fin de que se reconozcan las dos tendencias que se presentaron en el Ecuador y que dieron lugar a la segunda vuelta electoral, realizada en abril de este mismo año.

    Producto de la elección asistimos a la posesión de Lenín Moreno, observando en las semanas siguientes la conformación del equipo económico, del frente de justicia, y otros cargos más, ocupados por funcionarios claramente identificados con el régimen anterior. Hasta ahí todo estaba en paz.

    Fue recién a mediados de año cuando las cosas comenzaron a subir de tono. El regreso de Pareja Yannuzzelli al país y la prisión de Rivera, tío de Glas, empezaron a enviar una señal de alerta, de que quizás las relaciones no eran tan armónicas como parecían. Luego de ello vinieron las investigaciones contra Jorge Glas y la orden de prisión preventiva, que sin duda marcaron el inicio de un camino sin retorno de distanciamientos entre Correa y Moreno.

    Otro hecho importante fue el llamado a consulta popular, que terminó de evidenciar la distancia existente y dio paso a la hoy clara ruptura de Alianza PAIS y a la división entre morenistas y correístas. Tras estos hechos se han sucedido otros más, como el llamado a juicio político de Glas y el comportamiento de los asambleístas del CAL al momento de definir sus posiciones fiscalizadoras, que se mezclaron evidentemente con las políticas. Y como si esto fuera poco, después se dio la desatinada actuación del secretario general de la OEA, en la que dio trámite al pedido de Rafael Correa y Patiño para que se investigue la convocatoria a consulta popular.

    Así llega el Ecuador al final de este año, con temas en el camino sin resolver: el más importante, el de las definiciones económicas que motiven la inversión.

    Mientras sigamos pendientes de nuestras convulsiones políticas, no tiene mucha expectativa el futuro del país. A pesar de todos estos avatares, recibamos con esperanza el 2018.

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