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Bajo costo de poner fin a la pobreza

18 may 2017 / 00:00

La pobreza es la aflicción más cruel de la humanidad. Si usted es extremadamente pobre, ni siquiera puede evitar las enfermedades fácilmente curables que causan una de cada seis muertes humanas; usted cocina y se mantiene cálido con combustibles como el estiércol y la madera, con el mismo efecto que tiene fumar dos paquetes de cigarrillos por día. Una dieta inadecuada hace que sus hijos crezcan con un mal desarrollo físico y que su desarrollo cognitivo también se vea afectado, lo que se traduce en una pérdida de entre 4 y 8 puntos de cociente intelectual en promedio. Por supuesto, el mundo ha hecho grandes progresos en la lucha contra la pobreza. El Banco Mundial estima que, por primera vez en la historia humana, la tasa de pobreza global cayó a cifras de un solo dígito en 2015 (9,1 % de la población del mundo, o casi 700 millones de personas, vive con menos de 1,90 dólar por día). Este umbral es, en realidad, un límite ajustado: es lo que un norteamericano podría comprar en Estados Unidos por 1,90 dólar. El nivel se ajusta al poder adquisitivo equivalente en la moneda local. El costo total de erradicar la pobreza con base en los últimos datos disponibles parece ser algo menos de 100.000 millones de dólares reales. Brookings Institution ha extrapolado tendencias anteriores y datos de otros países dentro de las regiones, y el resultado es que el costo en 2015 bien podría ser tan bajo como 75.000 millones de dólares al año. Para poner esta cifra en contexto, el mundo gasta 140.000 millones de dólares en ayuda para el desarrollo cada año. Se espera que haya poco menos de 400 millones de pobres en 2030, y el crecimiento del ingreso debería erradicar la pobreza casi por completo en 2060. Con base en esta información, podemos calcular el futuro costo agregado de erradicar la pobreza en aproximadamente 1,5 billón de dólares. Si apartamos ese dinero hoy en un fondo (que generaría intereses en los próximos 45 años), necesitaríamos poco menos de 1 billón de dólares para erradicar la pobreza humana para siempre. Un billón de dólares parece mucho. En verdad, es el equivalente de aproximadamente el 1 % del PIB global anual, 18 meses de gasto militar en EE. UU. o una veinteava parte de la deuda nacional de EE. UU. La verdadera tragedia es que la mejor solución para la pobreza no costaría nada. El crecimiento económico generalizado siempre ha sido el camino más efectivo para reducir la privación: en el transcurso de 30 años, la racha de crecimiento económico de China colocó inesperadamente a unos 680 millones de personas por encima de la línea de pobreza. Un acuerdo de libre comercio global -como una conclusión exitosa de la Ronda de Doha para el Desarrollo, hoy estancada- probablemente sacaría a otros 160 millones de personas de la pobreza. El escepticismo global respecto del libre comercio de parte del presidente norteamericano, Donald Trump, y otros significa que nos estamos perdiendo una oportunidad increíblemente importante. Mientras tanto, deberíamos abogar por las inversiones más fructíferas para el desarrollo: invertir en nutrición e inmunización infantil, educación para la primera niñez y becas para niñas que permitan mejoras significativas y duraderas de los niveles de salud e ingresos. Pero también deberíamos tomar conciencia de que, por primera vez en la historia, el fin de la pobreza está realmente al alcance de la humanidad en términos financieros. Y deberíamos desafiar a nuestros líderes políticos a que respondan por políticas costosas que arrojan un beneficio mucho menor.

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