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América Latina crecerá en 2017

18 mar 2017 / 00:02

En 2017 se espera que la región abandone la recesión, aunque con un crecimiento bastante modesto (menos del 2 %). No hay que ser demasiado optimistas. El 2017, sin embargo, será mejor que el 2016, que no empezó bien para América Latina como consecuencia de la desaceleración en China y de la anémica recuperación de las economías avanzadas. Los temores de un mayor deterioro del gigante asiático impactaron en los mercados financieros y provocaron fuertes caídas en el precio de las materias primas y en los activos de los mercados emergentes. Y aunque las preocupaciones sobre China se disiparon algo a lo largo del año, los flujos de capital siguieron desplazándose de los mercados emergentes a destinos más seguros. El “brexit” a mediados de año y el triunfo de Trump también contribuyeron a generar un clima de incertidumbre económica, elevando la volatilidad en los mercados. Y como no podía ser de otra manera en una economía globalizada, Latinoamérica vio cómo el financiamiento externo se limitaba, encarecía y dificultaba, y las monedas se debilitaban, reduciendo así el margen de maniobra de los bancos centrales y la capacidad de financiar las cuentas externas y fiscales. El PIB regional se contrajo por segundo año consecutivo (alrededor del 1 %), por debajo de cualquier otra región emergente. El impacto de los choques externos y la respuesta de políticas públicas para adaptarse a la situación se presentó de forma bastante heterogénea en función del país. Quizás la principal noticia del pasado año fue la intensidad inesperada del deterioro de la situación económica en algunos países y la incapacidad de otros para recuperarse. Argentina y Ecuador entraron en recesión en el primer semestre, uniéndose a Brasil y Venezuela, donde la contracción de la actividad se profundizó aún más. Paralelamente, el resto de los países de la región, por lo general, continuaron creciendo, aunque a un ritmo más lento. El deterioro de la actividad económica impactó en los mercados laborales y también en los hogares latinoamericanos: menos empleos de calidad, reducción en las remuneraciones, más empleos por cuenta propia y alzas en los precios provocaron una reducción del poder real de compra de las familias, que bien puede significar un aumento de la pobreza. Más allá de la parte cíclica de la recesión, Latinoamérica necesita superar los problemas estructurales que limitan el aumento de la productividad, con el fin de impulsar el crecimiento a largo plazo. Y esto no sucederá sin mejoras en el capital humano. Las empresas más productivas no crecen porque no encuentran los recursos humanos y financieros que necesitan para expandirse. Ante la falta de buenos empleos, los trabajadores se refugian en la informalidad. Para romper este círculo vicioso, las políticas públicas para los próximos años deben cerrar las brechas de infraestructura, mejorar el acceso al crédito, fortalecer las capacidades estatales, reducir las barreras institucionales que impiden una mejor asignación de recursos e innovación, y mejorar las habilidades de los trabajadores. Como parece que la globalización está en retroceso y el comercio perdiendo peso como motor del crecimiento global, América Latina debe mirar hacia adentro para aprovechar las oportunidades comerciales regionales.

Project Syndicate

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