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Adiós a las armas

12 mar 2018 / 00:00

    El CNE ha trabado todas las propuestas ciudadanas de consulta popular o de revocatoria del mandato. Yasunidos, Compromiso Ecuador, Marcelo Larrea y otros, pueden dar fe de ello. Ningún intento ciudadano logró pasar la muralla del CNE. Para impedirlo, este dispone de una poderosa herramienta: la manipulación de las firmas. Y eso no solo traba los procesos de “democracia directa” (¿cuál democracia, si está en manos del CNE?), sino la creación de nuevos estamentos políticos, pues el CNE simplemente rechaza las firmas. Conozco movimientos que tienen años con esto y nada. No los aprueban. Pero entra en escena el presidente y dice: “Hoy es el tiempo de los jóvenes líderes. Partidos y movimientos: ¡a renovarse!”. (Vistazo, febrero 2018). Estamos entonces ante quien ve con buenos ojos la renovación de la clase política. Si es así, este es el momento de actuar y no quedarse en el enunciado, pues Lenín Moreno envió a la Asamblea una ley que permite al CNE seleccionar los candidatos que serán elegidos miembros del Cpccs por votación popular; al contrario de lo que se nos consultó. El nuevo Consejo de Participación corrigió el error que hubiera representado una distorsión de la voluntad popular, pero aumentó los requisitos de los candidatos para que no haya muchos. No pues... ¿Por qué no se pone requisitos a los diputados entonces? Estos solo requieren ser mayores de edad para ir a hacer las leyes que regulan nuestra vida. El camino no es ese. La ley debe decir que “los miembros del Cpccs serán designados por votación popular de entre los candidatos que se presenten el día 1 de abril en el CNE con el respaldo personal de dos mil ciudadanos. (Sin firmas). Los requisitos serán los mismos que para ser diputado. Serán designados previo examen presencial en la Asamblea Nacional, el cual será difundido en forma simultánea por los medios de información”. Hemingway escribió Adiós a las armas. Si Lenín quisiera, hoy podríamos decir “Adiós a las firmas”, armas con las que el CNE se ha burlado de la ciudadanía durante un década. No hay una democracia real si lo sigue haciendo.

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