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Acción y castigo

20 jun 2017 / 00:00

    La necesidad de reinstitucionalizar el Estado se torna difícil. En los 10 años de correísmo se armó una estructura oficial de fuertes cimientos, controlada por una poderosa élite burocrática, convertida en el eje de una gobernabilidad intocable y excluyente. Este “armatoste”, liderado y manejado por la omnímoda voluntad de su jefe, generó un “ámbito de negocios” y, de modo consecuente, un entrabado sistema de intereses, difícil de ser destruido. Y lo estamos viendo: autoridades de control, cuya facultad es preservar los recursos públicos y su manejo transparente, inmersas como sujetos activos precisamente en la violación de esos deberes y obligaciones, o como celosos guardianes de supuestas honorabilidades y prestigios, ocultando nombres o negándose a proporcionar la información que exige la ciudadanía.

    Observamos también el triste papel de funcionarios designados por elección popular que, utilizando pretextos y justificativos tontos, quieren encubrir claras responsabilidades de altos personeros del poder en actos inocultables de corrupción.

    En esas circunstancias, hoy como nunca se hace imprescindible que la sociedad ecuatoriana cierre filas para exigir una transformación inmediata en la actitud de los servidores del Estado llamados a investigar, perseguir y castigar. Las organizaciones sociales ya se movilizan para presionar en ese sentido, los gremios empresariales deberían acompañar a sus propuestas de mejoramiento de las condiciones de trabajo, planteamientos que conduzcan a decisiones frontales e inmediatas, teniendo en cuenta que, para un verdadero proceso de transformación y desarrollo económico del país, no es suficiente una declaración presidencial sino la adopción de medidas que garanticen un ambiente de paz, seguridad y, sobre todo, honestidad.

    En esto, el papel del Ejecutivo es fundamental. Lo dijo, y lo repite el presidente Moreno: que para él es ineludible el compromiso de velar porque se descubra la trama de los cientos de casos de descomposición y podredumbre, y se castigue a sus autores.

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