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Accesorium sequitur principale

20 jun 2017 / 00:00

    En una fatua conversación escuchaba a dos amas de casa decir: “aunque me divorcie, tú siempre serás mi cuñis, ese parentesco jamás se pierde”. Pensé entonces: la ignorancia es atrevida.

    Antes, nuestro arcaico y obsoleto Código Civil tenía profunda influencia del Código Napoleónico, donde no existía la institución del divorcio, razón por la cual el matrimonio era “para toda la vida”. Gracias a la revolución liberal y la incorporación del Estado laico, se eliminó la indisolubilidad y perpetuidad del matrimonio y se introdujo la figura del divorcio; sin embargo, el parentesco permaneció igual hasta el año 2011, en que la Corte Constitucional declaró mediante sentencia la inconstitucionalidad de la frase “o ha estado” casada; desde entones la “afinidad es el parentesco que existe entre una persona que está casada y los consanguíneos de su marido o mujer”, es decir que la que ya no está casada no tiene más vínculo, ya no se acumulan ni cuñados, ni suegros.

    Uno de los principios generales del derecho nos dice que “Accesorium sequitur principale” (lo accesorio sigue la suerte de lo principal), de tal manera que si una persona opta por el divorcio y se desliga completamente de aquella con la que tiene el vínculo legal (principal), resultaría absurdo que la ley no le permita desligarse de lo accesorio (parientes), es decir, mantenerse atada a parentela ajena, cuando con la “ex” ya no se tiene ninguna relación.

    Uno de los derechos más fundamentales del ser humano es la libertad y nadie puede limitar ese derecho, a menos que se haya cometido un delito. Los errores en la elección del casamiento no pueden constituir un crimen de cadena perpetua, donde si se quiere obtener la libertad se debe probar ante un juez que la merece.

    Asambleístas, hagan conciencia y copien legislaciones más de avanzada, en donde la voluntad de uno de los cónyuges es suficiente para rescindir el contrato matrimonial, pues como abogada, a lo largo de la profesión, he observado en la Corte cómo a muchos les resultó engorroso probar en juicio cómo se murió el amor, o cómo nunca existió.

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