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Lula: candidato o reo

El exjefe de Estado de Brasil se juega su destino esta semana. Un tribunal de apelaciones decidirá si es culpable de corrupción.

22 ene 2018 / 00:00

Un tribunal de apelaciones brasileño dirá el miércoles si el expresidente de izquierda Luiz Inácio Lula da Silva es culpable de corrupción, en un fallo que puede liquidar sus ambiciones de volver al poder e incluso lo llevaría a la cárcel.

Una confirmación de la sentencia a nueve años y medio de reclusión, dictada en julio por el juez Sergio Moro por corrupción pasiva y lavado de dinero, complicaría además el panorama de las ya inciertas elecciones de octubre, en las que Lula se presenta como favorito.

El Partido de los Trabajadores (PT), sindicatos y movimientos sociales organizan caravanas de centenas de autobuses hacia Porto Alegre, donde se llevará a cabo el proceso, y convocan a actos en Sao Paulo, donde el exmandatario debería aguardar el veredicto.

El PT recurre a una retórica incendiaria para motivar a los simpatizantes de Lula, que sigue gozando de gran popularidad en regiones y sectores que se beneficiaron de sus políticas de distribución de renta.

Asociaciones de magistrados mostraron preocupación por las amenazas que proliferan en las redes sociales contra los tres jueces del Tribunal Regional Federal Nº 4 (TRF4), a cargo del caso.

El alcalde de Porto Alegre llegó a pedir el apoyo del ejército para evitar desbordes.

Lula, de 72 años, fue condenado como beneficiario de un apartamento en el balneario paulista de Guarujá, ofrendado por la constructora OAS a cambio de contratos en la estatal Petrobras.

Si el TRF4 ratifica la condena, el ícono de la izquierda estará más cerca de la cárcel y de una invalidación de su eventual candidatura. Aunque en principio, podrá seguir libre y hacer campaña hasta agotar los recursos ante cortes penales y electorales.

El exdirigente sindical se proclama inocente y denuncia una conspiración de las élites. “La noción de golpe de Estado se ha sofisticado. Ya no se necesitan tanques, soldados; es suficiente contar mentiras que los medios reproducen como si se tratara de verdades. Unas mentiras que han anestesiado a la población”, afirmó Lula el martes en un encuentro con intelectuales y artistas en Río de Janeiro.

Lula enfrenta otros seis procesos por causas de corrupción, tentativa de obstrucción a la justicia y tráfico de influencias.

El TRF4 analiza las apelaciones relacionadas con la Operación Lava Jato, que desde 2014 ha puesto al descubierto un esquema de sobornos pagados por constructoras a políticos de todas las tendencias para ganar licitaciones en Petrobras.

Los antecedentes del TRF4 no son alentadores para Lula: entre el centenar de sentencias tratadas hasta ahora, la gran mayoría fueron aumentadas o confirmadas y tan solo una veintena disminuidas (apenas unos meses, en ocasiones) o anuladas. El Tribunal se pronunciará, además, sobre los recursos de otros seis implicados en la misma causa.

En el expediente figuraba la esposa de Lula, Marisa Leticia, quien falleció en febrero de 2017. En sus exequias, Lula prometió luchar para que sus acusadores tengan algún día “la humildad de pedir perdón” por la “canallada” cometida contra su cónyuge durante más de cuatro décadas.

El fallo, cualquiera que sea, constituirá una nueva prueba para la democracia brasileña.

En 2016, el país vivió un impeachment que condujo a la destitución de la presidenta Dilma Rousseff, heredera política de Lula, por manipulación de las cuentas públicas.

El PT dejó claro que no elabora ningún plan B para sustituir a Lula como candidato y afirma que una elección sin su líder sería “un fraude”. La salida de Lula del juego electoral podría reducir aún más la previsibilidad política en la mayor economía latinoamericana.

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