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Humor en tiempos de crisis

Venezolanos buscan en el teatro popular distracción contra la angustia del día a día. Con ingenio, programas radiales tratan la actualidad desafiando a la censura.

12 ene 2017 / 00:00

Mariana Oquendo es enfermera en un hospital de Caracas y a menudo, dice, ve morir pacientes por falta de insumos básicos. Pero esta noche dejó la bata blanca en casa para ir a su terapia: un show de monólogos de humor.

Durante dos horas, Mariana suelta grandes carcajadas y trata de drenar también la angustia que le produce hacer largas colas para conseguir comida o peregrinar por farmacias buscando medicamentos escasos.

Como ella y Enrique, el colega del Hospital Vargas que la acompaña, grupos de amigos y parejas pagaron menos de lo que vale un helado para que cuatro jóvenes les hagan reír divagando sobre dramas cotidianos, con guiño político.

“Venimos a distraernos, a reírnos... porque la situación en el hospital es patética. Hay pacientes que me afectan mucho, pero también el día a día”, explica esta mujer de 31 años.

No solo les sirve como evasión, sino como herramienta catártica para sobrevivir y canalizar críticas contra el gobierno de Nicolás Maduro.

En las calles, los venezolanos bromean con que están flacos porque siguen la “dieta de Maduro”, e inventan chistes sobre sus penurias y el régimen.

Memes que muestran el billete de 100 bolívares (que Maduro decidió sacar de circulación provocando protestas) usado como papel sanitario o adornando arbolitos de Navidad proliferaron en las redes.

Esa capacidad de reírse de todo se volvió casi una necesidad, y los ‘stand-up comedy’ se adueñaron de las carteleras.

“Venir al teatro es buscar un poco de salud mental dentro del caos”, asegura Wilfredo Boada, un arquitecto de 59 años que asistió al show.

Abajo y arriba del escenario, los problemas son los mismos. Verónica Gómez, parte del elenco de comediantes, vive con racionamiento de agua desde hace un año y batalla por conseguir medicinas para un familiar con cáncer. “El humor nos salva de vivir en una miseria absoluta de espíritu”, cree esta enérgica comunicadora de 33 años.

Aunque dice que la crisis la “devasta”, Verónica madruga para que los venezolanos inicien el día riendo en ‘Calma Pueblo’, uno de los programas de radio más escuchados.

Los otros humoristas son Manuel Silva y José Guzmán, quienes trabajaban en el programa nocturno ‘Chataing TV’, que salió del aire en 2014 entre denuncias de “presiones políticas” del popular comediante y opositor Luis Chataing.

El recuerdo de ese episodio y el que varios de sus monólogos hayan sido censurados por las autoridades, los marcó.

Pero nada de eso les frenó para dedicar una canción a Maduro para su cumpleaños: una versión de ‘El barquito chiquitito’ que cambiaron por ‘Narquitos chiquiticos’, en alusión a dos sobrinos de la pareja presidencial condenados por narcotráfico en Estados Unidos.

“En tono de humor denunciamos todo lo que vemos”, dice José Guzmán.

No obstante, el programa ha recibido llamadas de atención del gobierno. “Sabemos que les incomodamos pese a que también nos metemos con la oposición”, señala Verónica.

Para su espectáculo ‘Laureano en un País de Maravillas’, este politólogo de 53 años se empapa de la realidad del país para sacudir al público.

“El humor es un arma que tiene el ser humano para momentos de extrema dificultad. La estamos pasando muy mal. Por eso nos reímos, con la risa pensativa del que la procesa a través del humor para intervenir en ella y cambiarla”, afirma. Pero, cabizbajo, confiesa: “Mi humor es cada vez más serio porque ya lo que está en juego es muy grave”.

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