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El búnker de Mao desvela secretos

China /
19 mar 2017 / 00:02

Era una base secreta, excavada en las montañas chinas, destinada a fabricar plutonio para la bomba atómica. Hoy, la mayor red de túneles artificiales del mundo se ha convertido en atracción turística, un impresionante laberinto con 20 kilómetros de galerías.

Construida por 60.000 soldados, la “central 816” está oculta en una verde colina de la provincia-municipalidad de Chongqing (suroeste de China). Las titánicas medidas de la obra dan vértigo: 100.000 metros cuadrados (es decir, 14 campos de fútbol) por 1,5 millones de metros cúbicos (600 piscinas olímpicas).

Al adentrarse en sus galerías de hormigón, oscuras y húmedas, iluminadas por lámparas azules y blancas, el visitante se encuentra sumido en plena Guerra Fría. En los años 1960, China recibía de sus espías inquietantes informaciones: EE. UU. y la Unión Soviética, potencias enemigas y ambas poseedoras de la bomba atómica, se plantearían un bombardeo nuclear contra el país.

Las autoridades comunistas, incluido el todopoderoso Mao Zedong, ordenaron entonces la excavación de una base subterránea para producir el combustible necesario para las armas nucleares, el plutonio 239.

En 1967, tres años después del primer ensayo de una bomba A completado con éxito por China, comienzan las obras. Los civiles ignoran todo acerca del proyecto. Durante 17 años, 60.000 jóvenes soldados se relevan día y noche.

“Un colega activaba los explosivos. Luego, perforábamos la roca con máquinas. En cualquier momento todo podía derrumbarse”, recuerda el exsoldado Chen Huaiwen, que tiene 70 años en la actualidad.

Los accidentes dejaron oficialmente 76 muertos -de una edad media de 21 años- “pero seguramente (hubo) más”, subrayan los guías y los veteranos.

“Dormíamos varios en una gran cama, sobre colchones de paja. En verano, era un horno. Con el polvo, muchos contrajeron enfermedades pulmonares. Sin contar el gas tóxico de los explosivos, el humo de las máquinas y la atmósfera pestilente”, evoca Chen.

Mientras los soldados caen, la época cambia: China establece relaciones diplomáticas con Estados Unidos (1979) y luego rebaja las tensiones con la Unión Soviética. En 1984 ya se ha construido un 85 % de la central, pero esta ya se considera inútil y es abandonada.

El equivalente a 80.000 millones de yuanes actuales ($ 11.602 millones) fueron gastados para nada. La base nunca albergó materia nuclear. Desclasificada en 2002, abrió sus puertas a los turistas chinos en 2010 y a los foráneos en 2016.

“Es muy impresionante y misterioso”, dice Pan Ya, una treintañera de Fuling, ante el antiguo corazón del reactor.

“Aquí no hacemos promoción de las armas atómicas”, precisa Zheng Zhihong, director del sitio. “Al contrario, espero que un día las grandes potencias nucleares digan: venga, paramos, contemos todos hasta tres y destruyamos nuestros arsenales”. AFP

A LA CARTA